3 Poetas 3 Poemas: Yetnalesi Deyanira Mendieta Xelhuantzi

Yetnalesi Deyanira Mendieta Xelhuantzi*

Del insomnio

Es de madrugada

y este impertinente reloj me recuerda,

a cada hora,

que tu cama y mi cama no es la misma

y que dormimos separados aunque te tengo dentro,

soñando el sueño en el que tenemos el mismo cuerpo

y nos dejamos morir,

nos dejamos caer por los acantilados

que juntos aun no conocemos.

Se hace más noche,

se hace más grande la oscuridad

y no puedo dejar de escuchar a tu boca diciéndole a mi boca

que por fin nos hemos encontrado,

que nos haremos ceniza el uno al lado del otro

y que el amor, por fin,

nos salvó de la locura y el olvido.

¿Es, acaso, una mala hora para pensar en ti?

¿Para pensar en tu piel y en la sed que me provoca?

¿Es una mala hora para imaginar tu pecho acercándose a mis pechos,

para pedir que tus manos lleguen a mi cintura?

¿Hago mal con buscar en mi recuerdo

el sonido de las cascadas que se rompen entre las piedras,

tu respiración reventando en mis oídos?

Es de madrugada

y dejo caer mi mano fuera de las sábanas

esperando que de la penumbra surja tu imagen

y se entregue a mí

para que el insomnio valga entonces la pena.

Me alejo de mi tacto para llegar a tu sueño,

para que sepas que mientras duermes

yo no duermo por seguir pensando en ti,

para tener en mi imaginación el sabor de tus palabras

y en mi saliva el acento tan artero que tiene tu nombre

¿hago mal con amarte a estas horas?,

¿tiempo en el que se supone debe la cuidad

estar girando en un sueño interminable de felicidad?

¿hago mal con desear tu amor unido con el mío,

con desear que la oscuridad se convierta en el tiempo eterno de nosotros,

para amarnos, para tenernos

y hacer crecer la noche entre caricias y jadeos?

¿hago mal con desearte?,

¿con querer que me tengas por siempre entre tus brazos,

por amarte como se ama a un hombre,

o como mi locura me ha enseñado a hacerlo?

Suena de nuevo la hora adelantada de la madrugada,

y este reloj infame solo me recuerda

que es el momento en que despertar

y yo estoy acostada mirando al techo,

con el corazón sobre los labios

y tu nombre en un trazo escrito entre mis piernas.

Que amanezca entonces,

que llegue el sol con su despiadado fuego

a calentar mis ojos y estas ansias que tengo de tu boca

de tu sangre.


Foto: Fabian Hernàndez
Foto: Fabian Hernàndez

V

Desenfunda, sángrame

No solo es mi saliva quien limpia el filo de tu espada,

también es mi sangre quien la baña

y moja con un rastro colorido.

Su punta de metal encarnada en la tibia piel,

tibio cuerpo erguido siempre dispuesto para la batalla.

Tu espada, además de cortar manzanas y cerezos

penetra la carne tibia de las doncellas,

diosas sanguinas en espera de la estocada tierna y fresca

del hierro que las lastima y trasforma en espuma blanca,

susurro del vuelo de las gaviotas sobre las olas que se alejan

para regresar con furia sobre el cuerpo de las rocas.

Beso tu espada fina antes de que me hiera,

mis labios húmedos entibian un poco el metal

que se opaca con mi aliento.

Es mi lengua que recorre su filo:

pomo, empuñadura, hoja de plata.

Mis labios limpian el rastro violento

de los golpes de anteriores guerras

y regresa a su vaina el lustre que acompaña su belleza,

filo intacto que acaricia.

Mi boca sabe entonces a metal

y oxido que se saturan de viento y caricias.

Yo no soy una manzana pero tu espada,

de plata o hierro,

ha atravesado mi vientre como lo hacen las aves con el viento.

Penetró

humedeció con mis sales

y su cuerpo brilla como lo hacen los diamantes.


I

En mi mano la grafía del deseo,

la tinta con que escribo,

transparente,

sobre agua y arena,

todas las palabras que tienen el eco de tu nombre,

el color salado de las rocas

que se desgastan con la marea y la caricia constante de las olas y la luna.

 

Así mis dedos,

cadentes como el mar,

te acarician para que las dunas,

al tacto,

regresen al océano con líquido cuerpo,

dorado marino acompañado por el sol.

 

Cada cresta salada te despoja de tu vestimenta,

escamas lunares te envuelven ante mis ojos.

 

Tu cuerpo es la costa, tus piernas el mar.

 

Abro mi boca,

dejo que mis labios sean frescos ante el roce de tu briza,

humedezco mis labios,

me acerco

tu sangre fluye hacia arriba,

al lugar de mi deseo.

 

Te espero,

la marea sube,

llenas mi boca pez espada,

mi lengua te acaricia faro incandescente

y el movimiento de mi cuerpo se traduce en cantos que vibran mi garganta.

Es mi saliva la que limpia los golpes de las tormentas en tu cuerpo erguido,

la piel suave de tu faro,

mi hambre de sirena de te devora.

 

* Yetnalesi Deyanira Mendieta Xelhuatnzi (Tlaxcala 1985) Poeta, editora, correctora de estilo e investigadora. Es licenciada en Literatura Hispanoamericana por la UAT y especialista en Literatura Mexicana del Siglo XX por la UAM. Ha colaborado en diversos suplementos culturales locales y nacionales tanto impresos como digitales así como en diversos encuentros de poesía joven en Tlaxcala, Huamantla y Puebla. Ha tomado varios talleres de producción editorial, poesía, ensayo, narrativa y promoción cultural. Cuenta con los poemarios inéditos En la boca de la serpiente y Desnuda palabra. Actualmente es profesora de literatura y redacción, correctora de estilo independiente y locutora en el programa de radio La boca de Eros.


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