Del Cafetal a la Mesa

Por: Enrique Taboada

He besado más tazas de café que buenos amores y es que para tomar una, debemos regalarnos el tiempo y disfrutar, pasarlo por la boca a pesar de la temperatura, pero me estoy adelantando mucho, no es conveniente empezar por el orgasmo para después terminarlo.

Una puerta pequeña se abre en aquel café, pido un americano con azúcar mascabado, me ofrecen una mezcla especial traído de Colombia, acepto la invitación porque se que es una excusa más para pensar en aquella colombiana con la que suelo platicar en el ciber espacio.

Lo que no saben aquellos seres que piden su expreso, su cortado, americano y demás combinaciones, es lo que ocurre para que aquella taza se llene de sabor y fragancia, me refiero al trabajo en los cafetales, la colombiana me dictaba que la jornada

Foto: Enrique Taboada
Foto: Enrique Taboada

empezaba tempranito, a las 6 de la mañana, con la salida del sol, la ropa adecuada y el coco (que son unas pequeñas bolsas atadas a la cintura) a recorrer los cafetales, aquellas bolas de de fuego rojas se tienen que tomar de los árboles son grandes, llueva, truene o relampagué, con el sol a todo lo que da, ellos salen, les pagan por llenar una arroba. Los países latinoamericanos no somos muy distintos, no nos dividen fronteras ni mucho menos costumbres, la miseria de los trabajos mal pagados son lo que nos une, Colombia no es diferente que México, aquí nuestras manos cafeteras también son explotadas y es que las pequeñas cooperativas no crecen y las grandes empresas compran el grano de calidad a precio miserable.

Recuerdo a la colombiana y una foto suya en un cafetal, tomo el primer sorbo y en el pienso en las manos de cada campesino que ayudo a que este café que me estoy tomando llegara, pienso en el tostador que teniendo la semilla lista la pasa para que esta adquiera el sabor y cuerpo perfecto, pienso en el molino que tuvo que pasar para que la semilla quedara convertida en polvo, pienso en el transporte y el tiempo que tuvo que pasar para que llegara a este café y el tiempo del barista para transformar muchos años, muchos tiempos, muchas manos, mucho calor en esta pequeña taza que no es más que un universo de tiempos conjugándose.

Aquí tomó café, en Colombia una mujer añora a México.

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