Lo que el Tiempo nos Dejó

Por: Enrique Taboada

Para Aquéllos que se nos han ido

Pero solo nos divide aire.

Para ti Herminia.

Quizás los vacíos más difíciles de llenar son las ausencias que nos dejan las personas, la muerte suele ser la amiga del café, la cosmovisión de los velorios implica que el café que se sirve debe ser de olla, han pasado 3 meses y 8 días desde que ella murió.

La ceremonia dicta que si alguien se muere después de las 3 de la tarde el velorio se hace al día siguiente, si se muere antes el cuerpo se debe de velar en el mismo día, ella murió a las 4:15, la vi morir, se fue con la lluvia que había empezado en su agonía, es difícil ver irse a alguien partir y es que a mi se me hacen siempre difíciles las despedidas.

Para preparar una olla de café de velorio necesitas los siguientes ingredientes, café, canela, azúcar y mucha nostalgia, se pone a hervir con la pena y el recuerdo, hierve, hace que el cuerpo este alerta, se sirve con cuidado, el hervor puede quemar, en una charola se ofrece pan, las alabanzas y los rosarios jamás paran, el cuarto se llena con un olor a café, cera encendida y tristeza.

Foto: Enrique Taboada
Foto: Enrique Taboada

A cierta hora de la noche, los adoradores terminan con sus alabanzas «Adiós ya se va se despide» después de tomar café con un poco de alcohol para descansar la garganta paran, entonces hay un silencio y este silencio se acompaña con café, se quedan solo los familiares y amigos que sienten la pena, entonces uno a uno comienzan a recordar.

-Esta caliente el café.

-Así no se toma, mira cómo lo hago.

-Oye si es cierto, así me sabe bien.

-Recuerda una cucharada de azúcar no más.

Son tantos los recuerdos que pienso si realmente esta es la muerte, sostengo en mi mano el café, huele a un abrazo, en la calle hay una fogata donde se reúnen hombres, hay una botella que gira como ruleta de feria, a la pena también le gusta nadar.

La madrugada se va acercando, la caja corona la casa en la puerta ya se ha colocado el moño negro, la casa que tampoco ha dormido y escucha solo los ecos de aquella mujer muerta, se ponen en actividad, se barren bien los cuartos, se ha puesto el cuerpo donde pasara su última noche, los braceros se llena de carbón y con algún periódico viejo lo encienden y las ollas son colocadas, me acercó y debajo de la caja con cal hago una cruz que se levantará cuando salga de aquí para siempre.

Aunque uno se propongo a tratar de hacer el café de olla jamás sale, siento que cuando estamos en un velorio el sentimiento es otro y por eso el café en su noble tarea nos abraza, nos reconforta y nos hace que nos unamos más a la pena misma o a la ajena, al parecer la muerte tiene un compañero, el café.

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