Recién Tostado

Por: Fabiola Morales Gasca

Estás sentada frente a la ventana, la colcha azul apenas si te cubre del frío de la madrugada. La luna ilumina algunas de tus canas. Te imaginas como huele el mundo y de que colores puedes llenarlo con la luz que fluye libre en tu disparatada cabeza. Es como sí fueras una pintora, mejor aún, una muralista de renombre, egresada de alguna escuela de arte europea; tu brocha en mano intenta cubrir el gris de una pared desgastada por el paso de los años.

Foto: Flickr.com/Fotobcn
Foto: Flickr.com/Fotobcn

Cierras aún más los ojos e imaginas labrar una historia en cada pincelada, brochazo de la vida que se te escapa. Por desgracia, el muro te devora, te abraza y no te suelta para nada. Te sujeta firmemente las piernas entonces sientes como se te entumecen, y ya no puedes caminar más. El dolor de las varices se te agudiza, mientras un insistente ladrido callejero te asusta la nítida somnolencia. Abres de golpe los ojos y sabes que ese mundo pintado de colores nunca será.

Mueves la silla de rueda un poco hacia la izquierda. Tu vista cansada no te permite ver más de la siguiente cuadra, así que bajas la blanca cortina. La mano toca el surco marcado de tus arrugas cerca de labio, mientras agudizas el olfato. Te acercas a una pequeña mesa y das gracias a Dios por el olor del café que nunca te ha espantado el sueño y que te grita, sin importar la hora de la noche, que estás viva. Tal vez morir sea eso, el mundo oliendo a café recién tostado después de un largo y buen trago.

Tarde de Café

Como propietario, pensaba en demandar por los daños hechos al inmueble. Había enormes raíces, tan largas como ríos llorones. Trepa paredes llenaron el antiguo edificio.

Una jungla imperaba. Fue fantástico, porque creció una vegetación enorme que se pobló de inmediato. Toda clase de aves exóticas llegaron: tucanes, flamencos, faisanes y papagayos. Flora y fauna se desbordaron en menos de una hora. El dueño dudó en seguir teniendo una librería o de plano un zoológico exótico en pleno centro de la ciudad.

Pero lo bello dura poco. Todos los planes se vinieron abajo cuando el hombre plantado se fue de la cafetería donde se quedaron de ver.

Fabiola Morales Gasca. Titulada del Instituto tecnológico de Puebla en la Licenciatura de Informática y egresada de la Maestría de computación en la Facultad de Ciencias de la Computación de la BUAP. Los últimos años lleva aprendiendo el oficio de Escritura en talleres literarios en la Casa del Escritor y en la Escuela de Escritores. Terminó el Diplomado en Creación Literaria en la SOGEM de Puebla. Ha publicado en suplementos literarios de la ciudad y en algunos blogs a nivel nacional. Autora de Poemas para tarde de Lluvia y de Nostalgia 2014 y “Crónicas sobre Mar, Tierra y Aire” 2016 editado por la BUAP. Seleccionada en diversas antologías de México, España y Paraguay. Es una lectora voraz y escritora incansable.

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