Aquí empieza la patria

Por: María Luisa Deles

Según Krusty El Payaso, Tijuana es el lugar más feliz de la tierra. Aquí decimos que es el jardín trasero de los sandieguinos adoradores del folclore. Es la ciudad más poblada en el Estado y es también la más occidental de Latinoamérica: la puerta de México, pues. “Aquí empieza la patria”, es su lema. Acá se acaba México, digo yo. Muchas transnacionales tienen sus fábricas aquí porque la mano de obra es barata y la frontera está a dos pasos. El puerto de San Ysidro, por ejemplo, es el cruce fronterizo más transitado del mundo y, 300 mil pelados al día, van y vienen o a veces nomás van. Tijuana comparte con San Diego la Costa Dorada, un corredor turístico de 24 kilómetros de longitud, que está para chuparse los dedos. A los mexicanos nos gusta cruzar al chopin; a los gringos les encanta venir a fincar en Rosarito sus pinches mansiones de ensueño. Acá filmaron el Titanic. Acá hay un chingo de Testigos de Jehová. Y acá, tenemos el Centro Cultural Tijuana, el Puerto Nuevo, el Hipódromo Caliente, la Calle Sexta, el Trompo, el hotel Pueblo Amigo, donde los botones van armados para cuidarte mejor, y el Hong Kong, el teibol más poca madre del orbe.

En territorio tijuano vendemos millones y millones de pañales. Desde aquí exportamos a los Yunaites, a Europa, África y Asia. Se la pelamos a los Arellano Félix, a los de Sinaloa, a los de Juárez y a los del Golfo. Mucho ruido y muchas nueces. Pero en la vida real es peor que en Traffic, una peli del 2001 donde los del Cártel de Tijuana salen a romperse la madre con los del de Juárez. No dejan títere con cabeza. Nomás a Ramón se le atribuyen más de mil muertes, cosa que ni el bueno de Clint Eastwood logró en sus épocas de mayor presupuesto. Y estos cuates aprenden rápido. Del mismo modo en que el PRI hace alianza con el Verde, y el Pan con el PRD y el PT, los de Tijuana hicieron federación con los del Golfo, y los de Juárez con los de Sinaloa. Así consiguen más votos y el abstencionismo es menor. Se traen la plaza a título personal. Ya siquiera que los gringos están sentenciados. Cuando vienes de San Ysidro a la frontera, ya sea para entrar por el centro o por la garita de Otay, en la última salida te encuentras un letrero grandote que puede rezar cualquiera de estas admoniciones: “Guns are illegal in Mexico”, “Illegal to carry firearms/ammunition into Mexico”, “Penalty-Prison, by Mexican law”. Cagado. Tenemos más armas que ellos. Cuando menos en circulación y en uso.

Foto: Flickr.com/anAndamidA
Foto: Flickr.com/anAndamidA

Acá tenía un distribuidor bilingüe, Juan. Un día lo levantaron de parte de los Arellano en una camioneta gris sin placas. Se lo llevaron nomás ahí cerquita, porque el trayecto no duró más de una hora, con venda en los ojos y los veinte dedos completos. Luego se los empezaron a cortar para mandar de recuerdito a los familiares. Se dejaron pedir a dos dígitos y con seis ceros, porque ya es tarifa oficial, y juntar el varo estuvo muy cabrón de veras. No tan fácil se puede hacer la venta de propiedades y retirar de los bancos americanos. ¿Para qué quieres tanto efectivo?, preguntan. Y qué les dices… Ah, míster Gringo, es que tengo que pagar un rescate porque a mi broder lo tienen en un sótano aquí cercas. Cada semana un dedo en un sobre de la mensajería. Fueron más de tres. Y sí, lo soltaron cuando se juntó el dinero completito, porque con los del pacífico no se puede regatear. Desde el inicio te dan el último precio y no se andan con mamadas.

Juan siguió siendo bilingüe, pero dirigía el negocio desde el otro lado: más seguro, más marrao. Para hacer la revisión de negocio nos sentábamos en el T-Deli de San Diego, o ya con más suerte, en el Truluck’s, que es un lugar donde hay mesas con manteles y se come requetebién. Ni de chiste se quedaba en Tijuana por más de dos horas, venía nomás a presentarse en las dependencias de gobierno para hacer los trámites ineludibles. Mejor voy al D.F., me decía, porque de que me roben la compu y el reloj, no paso. Yo por eso en Tijuana: de la oficina a la línea. Voy, firmo, recibo clientes, y me lanzo al hotel a pedir mi taxi seguro que me deja en las trocas, un colectivo que te lleva a la garita para cruzar a pie. Hago la línea donde invariablemente el gringo en turno te pregunta: ¿Qué trais?, mientras te pasa el pasaporte por la ranura de un lector. “Nada”, le respondes con mucha seguridad. ¿Dónde vas? Al chopin, le dices. Camino a la parada del trolley para tomar un bicitaxi que me lleva al Premium Outlet de San Ysidro. Los chavos aguantan vara y aun de regreso te traen en friega con todo y las bolsas.

Pero de regreso se acaba México. Desde el City Junior de Otay, muy cerca del aeropuerto Abelardo L. Rodríguez, se ve la planicie muerta de sed. La ves y te cuesta trabajo imaginar que a pocos kilómetros de ahí, rumbo a Ensenada, la misma tierra empieza a escupir uvas. Miles de uvas. Hace unos años hicimos la ruta de los vinos con un grupo de clientes, un viaje del que mucho recuerdo la mesa que compartí con Juan en una terraza del viñedo Santo Tomás. Habían organizado una cata y te iban pasando los vinos, primero con queso y luego con chocolate amargo, y un sommelier muy amigable te explicaba todo lo que tenías que saber a la hora de la degustación. Estábamos rodeados de antorchas salidas de fuentes de piedra, y no tan lejos, bajo una formación de concreto sobre la que habían dispuesto las mesas, la heredad supuraba vides. Líneas idénticas que se perdían en el horizonte. Una mujer cantaba folclore y su voz hacía eco en las copas a medio llenar. Juan solo pedía que le dieran a oler el vino y aspiraba profundo. Esto es la vida, Marcela –me decía con los ojillos llenos de luz–, los momentos que no se pueden explicar con palabras, los amigos, la música, la risa.

Fue el último en irse. Fue su último viaje. Luego lo mataron los del otro cártel.

Un comentario

  1. Jaja bueno el relato, muchas veces se escribe, una vivencia, otras ficción, un hecho y de más, pero lo importante es atrapar la atención del lector. Como siempre felicitando a la hermosa Angélica De Los Santos, que comparte esta publicación,y claro a la talentosa . María Luisa Deles

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