Breves Consideraciones Sobre Narcoliteratura Mexicana

Por: Fabiola Morales Gasca

Hace algunos días leí que, todo autor mexicano tiene que haber escrito por lo menos algo relacionado al narcotráfico. Tal aseveración parece ser un poco drástica, se debe descartar la idea de que la mención de literatura mexicana tiene que ver, por desgracia, con narcóticos.

No hay nuevo bajo el sol sobre este tema que atañe tanto a lectores como escritores, parte de la escritura en nuestro país tiene que ver con el tráfico de drogas, directa o indirectamente. Las historias, primero habladas y luego expresadas en corridos,  hasta llegar a los libros nos muestran de forma cruda, real o fantástica el mundo de los estupefacientes. Los protagonistas: narcotraficantes, sicarios, víctimas, prostitutas hombres o mujeres que buscan el camino fácil para obtener dinero, nos ponen de manifiesto una realidad cotidiana que nos envuelve.

El corrido como tal, es una documentación de los hechos entre la población y la gente del narco, dándole un toque idealista, romántico y hasta heroico. Es la manifestación del pueblo para contar hazañas de personajes, logros, enfrentamientos, traiciones y hasta muerte. Es recomendable la lectura de varios trabajos de investigadores especializados, para un acercamiento y apreciación exacta al corrido. Por ejemplo,  Cantar a los narcos, del autor Juan Carlos Ramírez Pimienta ayuda a esta finalidad. En cuanto, a libros propiamente hablando, podemos distinguir dos tipos: el de índole de investigación periodística y otro literario, o como podemos denominarlo también, de ficción.  Al primer grupo pertenece el ya famoso libro de Los Señores del Narco de Anabel Hernández (Grijalbo, 2010);  Tierra Narca, de Francisco Cruz Jiménez (Temas de Hoy, 2010); Saldo de Guerra, de Víctor Ronquillo (Planeta, 2011); o El Narco en México, de Ricardo Ravelo (Grjalbo, 2011), por mencionar algunos.

El segundo grupo nos atrapa la atención. Sabemos que la labor de toda escritura es difuminar los hechos reales para plasmarlos en una utopía. Tal mundo que se crea bajo la óptica del escritor permanece intacto como una fotografía mostrando su lado colorido, señalando algunos aspectos costumbristas en espacio, tiempo  y eliminado otros.

Flickr.com_Nari Sin

La estampa que se refleja en los libros de narcotráfico, nos señalan no sólo las drogas como eje de ese mundo. La frontera, violencia,  traición, sexo,  homicidios, tortura,  culto a la Santa  Muerte, camionetas, hermosas mujeres, pobreza, campos cultivados y lucha por el territorio son elementos fundamentales en el tejido de las historias. Las botas, los sombreros, las cadenas de oro, las armas, la máxima adrenalina y un sin fin de excesos y lujos ligados a este medio seducen al lector a medida que la decadencia de los protagonistas se acentúa. Aquí la literatura se apropia para hacer de las suyas e intentar el mejor final. La muerte del protagonista casi siempre suele redimirlo.

Ficciones como Trabajos del Reino, de Yuri Herrera (Periferica, 2004); Mi Nombre es Casablanca, de Juan José Rodríguez (Random House Mondadori, 2003); La Prueba del Ácido, de Élmer Mendoza (Planeta,2010); Fiesta en la Madriguera, de Juan Pablo Villalobos (Anagrama, 2010); e incluso, La Reina del Sur, del español Arturo Pérez Reverte (Alfaguara, 2002) es otro de los libros más representativos de este tipo de literatura. Aquí Contrabando, de Víctor Hugo Rascón (Planeta, 2008) y Diario de un Narcotraficante (Costa-Amic, 1962), de A. Nacaveva ameritan mención.

Para el escritor mexicano Yuri Herrera, quien en Trabajos del Reino nos muestran protagonistas como meros moldes, prototipos de un mundo imperfecto apunta que el nacimiento de lo que se denomina narcoliteratura, era algo necesario. Él también considera:

“importante hablar de los temas más difíciles y en los registros más variados, nos gusten o no. En ese sentido ha sido importante que haya una literatura que toque el tema. Creo que la literatura puede ayudar, de ese modo, a crear ciudadanos reflexivos, que enfoquen de manera novedosa sus problemas” (#REF).

La lista de libros de narcoliteratura es larga, los hay buenos, malos y pésimos. El tema ha sido explotado y por ese motivo vemos las librerías abarrotadas de este tipo de libros. A diferencia de los registros de los corridos, que nos señalan afluencia de tráfico con el país vecino desde los años treinta; el primer libro del que se tiene conocimiento sobre el narcotráfico mexicano, es Diario de un Narcotraficante, de A. Nacaveva, cuya primera edición data de 1962. Como se refiere la actual portada de la séptima edición, hay más de 53 mil ejemplares vendidos. El libro vale la pena leerlo si se está interesado en el tema.

Foto: Flickr.com/barbara carneiro
Foto: Flickr.com/barbara carneiro

Hay una advertencia previa en Diario de un Narcotraficante, la cual indica que si el lector es puritano, no se lea y si al lector en verdad le interesa saber sobre los problemas sociales de los que está rodeado, si no se escandaliza, puede leerlo. La historia gira en torno al protagonista que se infiltra en un grupo de contrabandistas sinaloenses. En un afán de escribir un diario para mostrarle al mundo la forma en la que operan los narcotraficantes, Nacaveva revela a su amigo Arturo, quién lo ha introducido al medio del trafico la intención de apuntar todo, incluyendo la búsqueda de terrenos para siembra, la forma en que fabrican heroína en cocinas caceras y la manera de introducirla a Estados Unidos.

La novela muestra sin tapujos un escenario, en dónde, los delincuentes son vínculos entre el progreso y las regiones más empobrecidas del país. Así, los traficantes tendrían a las zonas marginadas donde el gobierno mexicano nunca llega. La descripción de la fabricación de heroína es un punto y aparte a mencionar ya que nos muestra el trabajo químico que hay detrás de las drogas. La ultima parte nos muestra a un audaz protagonista que pasa la mercancía al país vecino y como es interceptado por la policía. El FBI hace su aparición y se muestran diversos aspectos que identifican este género como el rompimiento del marco legal por el trasiego de drogas. La corrupción y la participación de la autoridad, la traición y la lealtad entre traficantes, además del uso de armas van implícitas.

Cabe destacar que un elemento correspondiente por la época del libro y de la “forma de operar” de estos personajes es, a pesar de todo, ellos se consideran “hombres de honor que jamás adoptarían la posición de robar, matar y otras triquiñuelas que no sea el tráfico de las drogas” como lo menciona uno de sus protagonistas.

Este es el arranque que nos atrapa de otra novela básica en la narcoliteratura: Contrabando, del reconocido escritor Víctor Hugo Rascón.

“Y tú, ¿eres narco?, me preguntó. Le contesté que no. Entonces eres judicial, afirmó con seguridad. ¿Por qué?, le reclamé. Es que miras igual que ellos, respondió. ¿Y de qué vives, entonces? Soy escritor. Ah, mira nomás, escritor. Pues haz un corrido de lo que me pasó, para que el mundo lo sepa” (p. 12).

Esta historia cuenta el regreso de un joven escritor a la sierra de Chihuahua, lugar de su niñez, para escribir el guión de una nueva película. Rascón sorprende con los recursos narrativos para desarrollar el relato. El uso de transcripción de cintas magnéticas, corridos y cine nos proporciona una visión encabalgada de historias de narcotráfico que envuelve a muchos personajes.

La lista de libros puede continuar, abordar los temas del tráfico de drogas es tan extenso como la realidad de nuestro país. Hay que tener en cuenta que la narcoliteratura no es una moda pasajera, ni un subgénero menor, como se le consideró por mucho tiempo. Como lectores, recordemos antes de emprender el camino, acudir a las dos principales vertientes, para tener un criterio más amplio. La investigación, que puede dejarnos perplejos y con un amargo sabor de boca y la ficción, sirviendo como testimonio de una existencia y que será siempre más benigna que la realidad. Es importante aludir, que la literatura, y en este caso la narcoliteratura, no sólo tiene el poder de entretenernos, también puede ayudarnos a ser ciudadanos reflexivos frente a los problemas que afronta el país.

 

Un comentario

  1. En realidad hasta la tecnología, a ayudado para esta labor, y mira como todo va cambiando, pues en la obra debe de amanecer, del autor Juan Sánchez andraka menciona sobre la comercialización de la marihuana, pero de una forma sencilla, austera por decirlo asi. Pues es un joven que la siembra y la transporta en sus mulas. A pero por siempre las autoridades an jugado un papel importante pues se habla de la policía secreta. Siembre corrupta, . … gracias Fabiola Morales Gasca. Por compartir. Y a mi estimada hermosa Angélica De Los Santos.

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