Una mirada a la realidad material de las drogas desde la propuesta de Oriol Romaní

Por: Francisco Hernández Echeverría

Según Zygmunt Bauman hoy por hoy estamos instalados en lo que denomina “Sociedad Líquida”, caracterizada por la movilidad, la flexibilidad, la fugacidad, la inestabilidad y la relatividad de valores; y bien que mal, nos hemos afiliado a este estilo de vida infame y de transformación constante, al grado de sentir que literalmente estamos “fluyendo” en el mar del tiempo de las mercancías, el tiempo de circulación del capital, el tiempo de la dominación, el tiempo de la producción regido por el consumo sin reglas, porque un consumidor ideal “no debería aferrarse a nada ni comprometerse con nada, jamás debería considerar satisfecha una necesidad y ni uno solo de sus deseos podría considerarse el último” (Bauman, 2000: 46).

Esa urgencia de consumo que experimentamos dentro del nuevo orden que se nos ha impuesto, es presentada como una forma de “libre elección”, pero que al mismo tiempo nos pone de cara a la frustración y la desesperación existencial por no lograr la satisfacción plena.

Lo que se olvida alegremente (y de forma estúpida) en esa ocasión es que la naturaleza del sufrimiento humano está determinada por la forma en que las personas viven. El dolor que en la actualidad se lamenta, al igual que todo mal social, tiene profundas raíces en la forma de vida que aprendimos, en nuestro hábito de buscar crédito para el consumo. Vivir del crédito es algo adictivo, más que casi todas las drogas, y sin duda más adictivo que otros tranquilizantes que se ofrecen, y décadas de generoso suministro de una droga no pueden sino derivar en shock y conmoción, cuando la provisión se detiene o disminuye. Ahora nos proponen la salida aparentemente fácil del shock que padecen tanto los drogadictos como los vendedores de drogas: la reanudación del suministro de drogas (Bauman en Pavón, 2009).

En efecto, esta sucinta panorámica nos permite tener una idea de la forma en que el funcionamiento social de una cultura va entretejiendo una relación con las drogas que en ella misma son consumidas. Sin embargo, el problema del consumo de las drogas demanda hoy de un acercamiento que vaya más allá de los paradigmas clásicos: el penal (el uso de sustancias ilegales convierte al individuo en un delincuente) y el médico (el uso de sustancias ilegales convierte al individuo en un enfermo al que hay tratar y curar), para proponer un tercero que comprenda cómo la sociedad occidental conceptualiza y aborda la temática toxicómana. En este sentido, las contribuciones de la antropología y el pensamiento transcultural han sido bienvenidas para estructurar nuevos acercamientos en torno al problema (Bilbao, 2003).

El antropólogo barcelonés Oriol Romaní nos dice que lo primero que debe tomarse en cuenta, es el aspecto antropológico de la sociedad donde se juega la definición de droga. Sin embargo, sabemos que al definir conceptualmente los principales términos que vamos a utilizar, nos encontramos con un primer problema: nos guiamos por las definiciones, o más bien por los usos específicos, que han hecho diferentes autores con respecto a estos conceptos; de ahí que Menéndez (2000: 163) considere que las definiciones comúnmente expresan lo que las categorías “deberían de ser” y no “lo que son realmente”, incluso aquellas que aprecian a los conceptos como provisionales o como grupo de instrumentos. Por lo tanto, el significado de cualquier concepto debe buscarse en la descripción, en el análisis, en la interpretación o en la intervención que tiene sobre un proceso específico.

Con base en esta explicación, si queremos abordar el concepto de droga desde un punto de vista transcultural, Romaní propone la necesidad de construir una definición instrumental basada en los usos reales que los diferentes estudios han hecho del concepto. Además, hay que tomar en cuenta que a finales de la década de 1940 los estudios etnográficos y socio-antropológicos comenzaron a aparecer sobre el visible “mundo de las drogas” en las sociedades urbano/industriales, gracias al impacto que estaban produciendo las orientaciones sociológicas derivadas de la Escuela de Chicago. Por ello, algunos investigadores comenzaron a abrir el debate sobre las drogas desde diferentes perspectivas teóricas, por ejemplo, el “estado del arte” de Edwards y Arif (1981) o el Repertorio Europeo presentado por Fountain y Griffiths (1997) son trabajos pioneros desde el punto de vista de la intervención social.

Posiblemente, según los especialistas, todas las sociedades humanas han estado familiarizadas, y lo siguen estando, con el uso de diferentes sustancias para lograr diversos estados de alucinación o de sedación (relajación, tranquilidad) con el fin de aliviar algún dolor, convivir en reuniones sociales, experimentar sensaciones agradables, alterar los estados de ánimo, responder a cambios en el propio campo de la percepción sensorial o lograr “conectarse” con afán profundo a alguna forma de conocimiento intuitivo, suprarracional o visionario (situación muy común entre los artistas).

Como podemos observar, las sustancias químicas introducidas en el organismo (normalmente en pequeñas cantidades) actúan como motor capaz de modificar las funciones del cuerpo humano en funciones de percepción, el comportamiento y consecuencias producidas por los efectos de dichas sustancias están condicionadas, sobre todo, por definiciones sociales, económicas y culturales, creadas por los grupos sociales que consumen las drogas. En otras palabras, el uso de drogas, más que un fenómeno químico (aunque está implícito), es un fenómeno socio-cultural cuyos efectos provocados por los componentes químicos se basan, de alguna manera, en las representaciones sociales dominantes del grupo drogodependiente.

Flickr.com/Greg Williams
Flickr.com/Greg Williams

Esta es la razón por la que Romaní motiva a persistir en el análisis histórico del “problema social de la droga”, análisis que se ha ido construyendo gradualmente a lo largo del siglo XX. No obstante, cabe aclarar, que esta definición transcultural se presta únicamente para algunas sustancias definidas como drogas, mientras que otras son discriminadas. En efecto, si buscamos una definición de “droga” desde el punto de vista del paradigma prohibicionista, el cual ha servido de punto de partida para los principales modelos de gestión de las drogas que conocemos hoy en día, tales como el modelo penal y el modelo médico —principalmente el primero— podemos comprobar inmediatamente que el término “Droga” (con mayúsculas), en el más ortodoxo de los debates, se refiere indistintamente a un conjunto de diversas sustancias ilegales, entre las que podemos encontrar cannabis, heroína, cocaína, alucinógenos, éxtasis, etc., mientras que el alcohol, el tabaco, los fármacos hipnóticos, sedantes y tranquilizantes no están incluidos. La justificación, al menos desde el punto de vista del Acuerdo de Viena de 1964, se inscribe hacia la defensa de la salud pública. Por lo tanto, afirma Romaní, si a esta definición se le articula una base científica encontraremos grandes inconsistencias en lo que concierne a dicha protección y mejora de la salud de la población humana, no sólo en el método (la represión), sino también en aquellas sustancias que se ubican dentro y fuera de los límites de “medicamento”, dado que existe una gran variedad de características en ambos lados de los límites establecidos. Entonces es difícil encontrar coherencia entre el concepto de “droga” y sus (supuestas) referencias empíricas, ya que el término, “droga” hace referencia a todas aquellas sustancias que se encuentran en la lista de los tratados internacionales.

Para Romaní, independientemente de los argumentos prohibicionistas que se esconden detrás de una apariencia científica, además de tratar de afirmar lo contrario, esto no es del todo importante. En realidad lol que se rescata es que las drogas son una construcción simbólica con varios significados, una construcción polisémica, muy cercana a temas tales como el deseo, el placer, el rendimiento, la ansiedad, la adicción, la sociabilidad, el riesgo, la exploración, lo desconocido, lo prohibido, el dolor o la muerte. Así, las referencias empíricas básicas de las drogas cambiarían hacia diferentes denominaciones, como aquellas que las ven como sustancias (aunque se encuentre implícita, sobre todo en la heroína y la marihuana), o aquellas que llevan la imagen de actividades tales como “fumar” y “disparar”, así como la figura ambivalente del “drogadicto” (o enfermo, o delincuente). Por ello, es importante no olvidar que esta construcción simbólica constituye también una realidad material a través de los procesos sociales en los que participa.

Referencias:

BAUMAN, Zygmunt (2000): Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Barcelona: Gedisa.

BILBAO, Alejandro (2003): “Sujeto, drogas y sociedad”. Psicoperspectivas (Revista de la Escuela de Psicología de la Facultad de Filosofía y Educación de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile), Vol. II, No. 1, pp. 35-52.

EDWARDS, Griffith y Awni Arif (comps.) (1981): Los problemas de la droga en el contexto sociocultural. Ginebra: Organización Mundial de la Salud.

FOUNTAIN, Jane y Paul Griffiths (1997): Inventory, bibliography and synthesis of qualitative research in European Union. Londres: National Addiction Center.

MENÉNDEZ, Eduardo Luis (2000): “Factores culturales: de las definiciones a los usos específicos”. En Perdiguero E. y J.M. Comelles (eds.), Medicina y cultura: estudios entre la antropología y la medicina, pp. 163-188. Barcelona: Bellaterra.

PAVÓN, Héctor (2009): “Entrevista con Zygmunt Bauman. Un mundo nuevo y cruel”, en Ñ. Revista de Cultura, Sección Ideas (Buenos Aires), 18 de Julio. Recuperado el 16 de Abril de 2011, desde: http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/07/18/_-01960446.htm

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s