XII ANIVERSARIO DE ÓCLESIS

Por : Hugo Israel López Coronel y Francisco Hernández Echeverría

El olvido está tan lleno de memoria que a veces no caben las

remembranzas y hay que tirar rencores por la borda.

En el fondo el olvido es un gran simulacro, nadie sabe ni

puede aunque quiera olvidar…”

Jorge Luis Borges

Óclesis. Víctimas del artificio nace como proyecto filosófico-literario en el Colegio de Lingüística y Literatura Hispánica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, iniciando sus actividades el 15 de agosto de 2004. Surge del entusiasmo intelectual, artístico y plástico de sus integrantes en un momento histórico en que en la Ciudad de Puebla estaban lanzándose propuestas culturales de los más variados gustos.

Al principio, por nuestro imaginario pasó la posibilidad de ser un espacio ¿literario?, ¿artístico?, ¿académico? Quizá esta triada subyacía como suspiro que quedó envuelto, primero, en puestas en escena que buscaron entender lo efímero desde el inconsciente: el teatro como acto de expresión fue nuestra primera manifestación; segundo, la búsqueda de la categoría nominal, como hábito en costumbre de tantas generaciones a cuestas que nos iría configurando en el escenario como “entes envenenados de su propio discurso”. En esta primera etapa estarían Flor Daniela García Dávila, Gilberto González Morán, Miguel Ángel Vega, Isis Samaniego y Valencia, Alejandro Vázquez Pozos, Patricio Cruz de la Fuente, Karina Fascinetto Zago, Conrado Zepeda Pallares y Hugo López Coronel, quienes anunciaran también el No. 1 de la Revista Óclesis.

Como parte de su propio proceso, algunos dejarán el grupo y otros más sumarían sus ecos al artificio oclético: Jorge Luis Gallegos Vargas, Montserrat Morales, Estephani Granda Lamadrid, Francisco Hernández Echeverría, Cinthia Bautista Pajarito, Armando Maldonado Lima, Víctor Anzaldo, Luis Miguel Montes, Benjamín Lezama.

En últimos tiempos las colaboraciones de Noé Cano Vargas, Francisco Nocedal Segreste, Carlos Cid, Jorge Cabrera Piña, Alan Gonzaga, Roberto Leyva y Gustavo Valencia se han sumado.

A lo largo de seis publicaciones la Revista Óclesis han pasado los nombres de Tirsso Castañeda, Ulises Bernal, Guillermo Vázquez, Gustavo Mora y Victoria Ciézar como ilustradores de las páginas de cada número con su obra plástica. Así mismo, colaboraciones literarias de Eduardo Montagner, Rodrigo Durana, Yussel Dardón, Fernando Morales, Víctor García, Martha Ordaz, y otros más.

La palabra “Óclesis” viene del griego que significa “Enfermedad por aglomeración de la gente”, “Enfermedad generada por la multitud” (paradójicamente coincidía con la publicación de Multitud de Toni Negri y Michael Hardt), esa multitud que estaba apareciendo y generando sus propios discursos, sus propios artificios. De ahí nuestro lema: “Somos víctimas de nuestro propio discurso”.

Según la primera acepción del Diccionario de la Real Academia Española, “Artificio” significa “arte, primor, ingenio o habilidad con que está hecho algo”. Pero en su sentido más lato es el arte, habilidad o ingenio con que se hace algo, por ejemplo, cuando se dice: “la sátira está escrita con mucho artificio”; o bien, el predominio de la elaboración artística sobre la naturalidad, por ejemplo: “un exceso de artificio en la decoración resulta cargante”. También viene a connotar un artefacto, invento o máquina, por ejemplo, “ha inventado un extraño artificio”. Finalmente también significa cierta conducta hipócrita, de disimulo, doblez: “esas palabras fueron dichas con artificio”.

Óclesis. Víctimas del Artificio
Óclesis. Víctimas del Artificio

Para Óclesis la expresión “artificio” si bien podría ceñirse al predominio de la elaboración artística sobre la naturalidad, realiza un giro al considerar que el arte no sólo funciona como artificio estético desde los cánones de academia o los autonombramientos oficiales apoyados por instancias institucionales que generan ideologías unívocas y excluyentes:

Si entendemos por ideología una orientación dominante, hegemónica, casi oficial, que apenas es conmovida por tendencias contrarias, recobra la supremacía, y hace aparecer como herético, no genuino, no nacional, cualquier otro pensamiento que no se le adecua, pues esa orientación siempre ha existido, y es un cierto espiritualismo formal, a veces especulativo, otros solamente retórico y pedagógico (Bobbio, 1989: 10).

Más bien, Óclesis una tierra fértil que nos sitúa, desde un umbral, para contemplar las diferentes visiones del mundo, es decir, los artificios con los que materializamos la llamada “realidad”, son posiciones de voluntad que se basan en decisiones existenciales. Esto significa que el mismo existencialismo, como método de auto-reconocimiento, permea la construcción crítica de lo que somos: Artificio que nos inscribe, origen de nuestra paradójica conciencia para asistir al acto creativo que tiene como centro a la lengua:

Resulta un encanto lacónico que cada ser humano que haya andado tal o cual sendero en la vida, encuentre, en el arte de escribirse, la paradoja de lo que ha sido. Bien se ha dicho que la función profunda de la lengua es hacer surgir una representación, entonces la lengua es la referencia instaurada por lo humano, en donde los conceptos que se comunican son las referencias de un tiempo y un espacio, porque llamamos mundo a la existencia, existencia aprehendida desde la experiencia propia (López Coronel, 2012).

La palabra es la imagen primigenia del pensamiento, la palabra vehemente, esplendorosa. La creación sólo es posible cuando el hombre tiene una imagen del mundo y entonces salta la palabra, provoca la explosión del universo, esa palabra que crea: cuando en el silencio de las tinieblas del principio los nombres del nombrado guardaban los secretos de la creación, la violenta construcción del mundo a través de la palabra, que como un haz de luz trasgrede los horizontes de la arquitectura y nos sitúa en el intento de materialización de la imagen, en cuyo lenguaje no hay límite para designar el mundo, sino que por el contrario, lo interroga y ausculta sometiéndolo con un golpe: la palabra. El lenguaje se recrea en el pensamiento, arma poderosa que concentra la energía para lanzar la palabra creadora, el origen mismo (Hernández Echeverría, 2006 y López Coronel, 2012).

Por ello, somos lo que pensamos que somos; una enfermedad que nos sana, que nos aglutina en la espiral, entre un mar lineado, amodorrado en las vertientes que el artificio humano nos deja. Nos reconocemos entes envenenados en la multitud paradójica de nuestro ser; aquí: no escritores, no artistas, no eruditos. Sino simple manifestación de los que somos porque estamos siendo. Sólo volvemos a la infancia de las letras; cuando la palabra era sonoridad sin prejuicio de por medio, pues como decía Matthew sobre T.S. Eliot: “representa un periodo de estabilidad relativa y precaria, un breve alto en la interminable marcha de la humanidad en alguna, o ninguna, dirección… Señala una época” (en Campos, 2010: 2).

Así somos en Óclesis, enfermedad de una época, el cauce que brota desde el instinto que genera a los otros, esos otros que somos nosotros, seres receptivos y migratorios sin tinte de ninguna piel, forma o razón. Somos instinto. Somos esencia. Somos Óclesis.

Referencias:

BOBBIO, Norberto (1989): Perfil ideológico del siglo XX en Italia. México: Fondo de Cultura Económica (Trad. de Stella Mastrangelo).

CAMPOS, Juan Luis (2010): “Matthew Arnold. La crítica como estética”. Milenio, Suplemento Cultural Laberinto (Puebla, México), 20 de marzo, p. 2.

HERNÁNDEZ ECHEVERRÍA, Francisco (2006): “Presentación del No.4 de la Revista Óclesis. Víctimas del Artificio”. Centro Cultural Creciente, Puebla, Pue., México.

LÓPEZ CORONEL, Hugo (2012): “También otra versión de Óclesis, Víctimas del Artificio”. Texto inédito.

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