Evgen Bavčar, naturalidad y espontaneidad de las imágenes de un fotógrafo ciego

Por: Francisco Hernández Echeverría

A principios de 2001, la Casa de la Cultura de la Ciudad de Puebla nos sorprendía con una exposición poco común: “El Espejo de los Sueños”, la cual recopilaba un gran número de fotografías del fotógrafo eslovenio Evgen Bavčar, un artista inusitado por el simple hecho de ser un fotógrafo ciego.

Nacido en Eslovenia en 1946, a los diez años tuvo su primer accidente, una rama de árbol le golpeó la cara haciéndole perder el ojo derecho. Al año siguiente, sufre un segundo accidente: encuentra un objeto de metal en el suelo, el cual llama su atención, y juega con dicho objeto dándole de martillazos hasta que explota. Se trata de una mina que le hiere gravemente el ojo izquierdo, el único ojo con el que hasta ese momento era capaz de distinguir entre los cuerpos y la luz.

Así, Bavčar se queda ciego a la edad de doce años. Sin embargo, a pesar de estos terribles accidentes, Bavčar no se desanimó y buscó la forma de hacerse de una beca que le permite viajar a París y graduarse en filosofía en la Sorbona de París con una tesis sobre la estética de Adorno y Bloch.

Independientemente de habla cinco idiomas con fluidez: francés, italiano, alemán, español y portugués, se comprometió a entablar una lucha personal con la luz y dedicarse en cuerpo y alma a la fotografía, pues desde los accidentes que sufrió, la luz no fue más que un recuerdo de la infancia, por ello, su trabajo refleja la nostalgia de las miradas y de las visiones de un niño que ve el mundo desde su inocente dimensión. De hecho ha publicado un libro de fotos titulado Nostalgia de la luz.

La mayoría de sus imágenes son paisajes nocturnos donde encontramos un camino en el bosque, atisbos nocturnos de la ciudad y fuera de ella, carnavales, y muchos temas más. Es interesante que para Bavčar, la noche es el lugar donde se puede apreciar mejor la luz. No obstante, no es sólo un fotógrafo intuitivo, pero es un poeta de la luz, que sobrepasa la lógica visión de lo que consideramos “gente normal”.

Bavčar construye desde imágenes mentales, ya que toma como base los ruidos, los olores y los sonidos, en ocasiones toca a sus “víctimas”, toca su cara, su pelo; en definitiva, crea su fotografía, la imagina y después disparar.

Lo que intriga a los especialistas, y que han definido un oxímoron, es el hecho de que Bavčar toma fotografías desde un objetivo donde detrás se encuentra su ojo ciego, lo que el mismo Bavčar llama su “tercer ojo”. Él dice: veo en la oscuridad, porque los ojos están en la mente. Y luego están los ojos del alma como ya lo afirmaba un filósofo desde la oscuridad de la mente, en el mito de la caverna en el séptimo libro de la República de Platón,ya se había de alguna manera abierto la puerta de la mirada. Los humanos habitan una suerte de recinto cavernoso ubicado en las entrañas de la tierra. Este espacio sumido en eternas penumbras tiene una enorme abertura por donde la luz puede pasar. En este misterioso habitáculo aparecen encadenados varios hombres, que representan a la humanidad entera. Forzados a permanecer en este mismo sitio, solo pueden observar lo que se proyecta frente a ellos, como es el caso de los prejuicios. Las estatuillas, cuyas sombras se proyectan en la pared de la cueva, están detrás de ellos. Esto significa que todas las cosas son sombras y nosotros, hombre, la masa en los que estamos encadenados. Pero ni siquiera saliendo de la caverna ven los prisioneros, sino reflejos, debido a que la luz los enceguece. El pensamiento y el sueño en partes iguales.

Imágen: Señor Click
Imágen: Señor Click

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