Tradicciones, flores y sabores

Por: Ana Lilia Guzmán Reyes

El tema que se aborda, es muy antiguo y cada día que pasa se extingue como se extinguió nuestra cultura. El día de los fieles difuntos, es una fecha muy significativa para la mayoría de los mexicanos, aunque en la actualidad ya no se festeja como en años anteriores, se han ido perdiendo las costumbres que nos heredaron nuestros antepasados; en este texto se trata de plasmar algunas tradiciones olvidadas o hasta ahora desconocidas para algunos. Es sorprendente que en una población llamada Santa Ana Xalmimilulco que tan solo se encuentra a 1 hora de la ciudad de Puebla, existan tradiciones tan asombrosas; acudí a presenciar estas costumbres con un grupo de compañeras de la universidad, fue muy enriquecedor descubrir que aun cuando pasa el tiempo la gente de esa población se niega a dejar morir estas bellas creencias. Dan el motivo qué hay detrás de cada cosa que colocan en las ofrendas, porqué lo hacen y porqué lo seguirán transmitiendo a sus generaciones.

Procesión Tamalista 2014 Foto: Leo Herrera
Procesión Tamalista 2014 Foto: Leo Herrera

Es algo extraordinario que aunque vallas de otro lugar, te hagan parte de sus tradiciones, acudí al panteón municipal de este pueblo donde me dieron infinidad de relatos relacionados a la muerte. Con esta crónica intento transmitir todas las emociones que percibí al estar en este lugar y con ello tratar de descubrir la razón de esta tradición.

Es importante tratar de involucrar a las nuevas generaciones en este tipo de eventos porque así conoceremos de dónde venimos, recordemos que en nuestra cultura ya se adoraba a la muerte, ese tema tan difícil de explicar porque es un viaje sin retorno y por lo tanto inexplorable. México es un país lleno de cultura y tradiciones majestuosas nos convendría tratar de indagar más sobre estas, y así conocer nuestro majestuoso país.

Cementerio Santa Ana Xalmimilulco.

Cada año el 1 de noviembre, México se llena de colores, aromas, comida, catrinas, papel picado, dulces característicos de esta fecha, como calaveras de azúcar y chocolate; conmemorando a nuestros fieles difuntos. Este año tuve la oportunidad de conocer las tradiciones de Santa Ana xalmimilulco; a las 10:30 am emprendí la aventura rumbo a esta población, fue un viaje muy corto y mi expectativa era hacer crecer mi conocimiento sobre estas tradiciones. Al principio sentí que la visita a este lugar seria tediosa y nada ilustrativa, realmente me equivoque, fue una experiencia extraordinaria y muy enriquecedora culturalmente hablando.

Llegue a la casa de una amiga, me instale y arranque con el recorrido, el cometido era escudriñar cada parte de estas tradiciones, pensaba que iba a ser un día muy largo y común, en cuanto inicie el traslado de la casa hacia el centro del pueblo, recordé las palabras de mi profesor de antropología de la nutrición :“sé cómo un niño, pregunta el porqué de todo”; empecé por sacar fotografías de todo cuanto me era nuevo y desconocido, trataba de conservar cada imagen en mi memoria para después poder plasmarla en este relato, no tarde en empezar a disfrutar esta travesía y eliminé de mi cabeza esa sensación de aburrimiento y pesimismo.

La costumbre de este pueblo es que si la persona murió en el año en curso, se le pone una ofrenda monumental, a esto se le llama primera ofrenda, la gente que conoció al difunto acude a visitarla llevando consigo un cirio, se rezan rosarios durante todo el día, no hay un límite, posteriormente se les invita a comer.

Me dirigí a la casa de un familiar de la persona que nos invitó a observar las tradiciones de su pueblo; con sólo mirar la entrada comprendí que esto era algo nuevo para mí, principiaba esta hermosa vivencia que siempre quedará en mi memoria por ser algo fuera de lo común.

En la fachada se contemplaba un adorno el cual decía “bienvenido a tu casa Don Libo, y junto a estas letras estaba colocada una fotografía del difunto; en el acceso a la casa surgía un camino de pétalos de flores moradas, blancas y predominaban los pétalos de flor de cempazúchitl, recorría un gran tramo hasta llegar donde se encontraba colocada la ofrenda, aún recuerdo ese olor que percibí cuando entre a admirar esa primera ofrenda, era un olor el cual fusionaba el aroma de las flores, principalmente flor de cempazúchitl y el incienso. Se encontraban rezando un rosario al difunto, sentí un ambiente solemne, la gente se observaba con un rostro desencajado, pero a la vez feliz porque su difunto estaba ahí con ellos conviviendo.

La primer ofrenda era imponente, se notaba que había sido puesta con esmero, amor, nostalgia y mucho cariño, tenía según los familiares, todo lo que en vida le gustaba a don Libo ; en lo alto de la ofrenda se encontraba una fotografía de él y junto un caballito de tequila, por si llegaba con sed, y pues ya si se picaba estaban dos botellas más, y su refresco de toronja para acompañarlo, también colocaron comida había en una cazuelita mole poblano, me relató un familiar que es por si traen hambre, estaba el tradicional pan de muerto, frutas de temporada principalmente, una coca cola, dulces tradicionales de esta fecha como calaveritas, gallitos y no se olvidaron de su baraja, por si quería echarse una partida, me llamó mucho la atención que en la ofrenda estaba un reloj, es para ver a qué hora llegan y a qué hora se van, en el patio se hallaban unas mesas, daba la impresión que habría una gran fiesta, en la cocina miré unos tambos muy grandes puestos sobre leña, cuando se terminó de rezar el rosario al difunto, los familiares invitaron a la gente a pasar a comer, las personas que acuden a visitar la ofrenda llevan un cirio, si no se está rezando en el momento en que la gente llega, hay colocado un tapete frente a la ofrenda y por su cuenta rezan. Me invitaron a comer, fue una comida muy rica, me dieron arroz, mixiotes, unas ricas tortillas hechas a mano y refresco.

Después de comer acudí a visitar la iglesia del pueblo en mi recorrido pasé por el mercado, estaba lleno de flores de todo tipo, había dulces, cirios, comida y fruta. Al llegar a la iglesia repicaban las campanas, sentí como anunciaban la llegada de todos aquellos que habían muerto, parecía que entonaban una melodía junto con los cohetes, creí que no terminaría nunca, entré y había misa, con todo respeto al culto, me dirigí a observar la ofrenda que estaba colocada ahí , era simple y muy pequeña, el sacerdote pedía por esas almas que se fueron y que este día según él estaban con nosotros; salí de este recinto, me dirigí a recorrer las calles con mis compañeras de aventura, entré a ver otra ofrenda , ésta era dedicada a doña Amalia la cual había muerto de cáncer apenas el pasado agosto; la persona a la que le pedí permiso de pasar a ver la ofrenda, fue muy amable me invitó inmediatamente a mí y a mis compañeras a entrar a su casa; unas personas corrieron a ponernos una banca para sentarnos y con gusto accedí, fue un momento muy triste porque ahí se encontraba su hijo el cual era muy pequeño, lo que me transmitió este ambiente fue tristeza y añoranza por doña Amalia, en lo alto de la ofrenda estaba su fotografía, era joven, colocaron todo lo que le gustaba como yogurt, fritos, gelatina, su caguama, un jugo, pan, fruta, mole , un vaso con agua, me dijeron que por si llegaba con sed, había también agua bendita y el inconfundible incienso.

Posteriormente visité la ofrenda de doña Clarita, esta ofrenda me transmitió un sentimiento de alegría, la familia estaba muy gustosa por compartir con la gente este momento. Esta ofrenda estaba diseñada con yute y flores de naturaleza muerta de diferentes colores, los cuales eran muy llamativos, tenía luces de colores, eso parecía más que una ofrenda algo previo a la navidad , se encontraba decorada con arcones de frutas, eran grandiosos, creo que doña Clarita se iría con unos kilitos de más y claro lo que sobrara seguramente se lo llevaría, había una cemita poblana que por cierto se veía riquísima estuve a punto de pedirle un pedacito, pero no, debía que entender que era su momento, le pusieron también un chile relleno capeado con guisado de jitomate, se notaba que a doña Clarita le gustaba echarse sus copas, colocaron una botella de whisky, que seguramente si no se la terminaba, sí se la llevaba, con eso que desperdiciar es pecado. Los cirios que llevaban sus conocidos eran muy vistosos adornados con flores, otros con ángeles, sus familiares me ofrecieron de comer y con gusto hubiera aceptado de no ser que ya había comido, me contaron que esa ofrenda se abrió a la gente a las 6 am, a esa hora se les dan tamales y atole, posteriormente a las 2 de la tarde se les invita a comer, en la cena se vuelven a ofrecer tamales y atole, me comentaba doña Chave que aproximadamente se hacen 5000 tamales, y se gasta alrededor de $70 000, claro depende del dinero que tenga destinada la familia para este evento; le pregunté ¿qué hacían con toda la comida que estaba en la ofrenda?, me comentó que se repartía entre toda la familia ya que todos costean la ofrenda.

Ofrenda a Doña Clarita

En seguida acudí al panteón municipal de esa población, al llegar noté como la gente empezaba a poner sus puestos de comida, para que en la noche vendieran sus productos; al entrar vi como estaban arreglando las tumbas de sus difuntos, las adornaban con flores principalmente de cempazúchitl, nube y gladiolas. Me dirigí a preguntarle a un vendedor de chicharrines, si cada año iba a vender al cementerio en esta fecha, me dijo que sí, me sugirió que asistiera en la noche, fue un gran consejo, después les comentaré porque. Entrevisté a la señora Rosa Elia que estaba limpiando la tumba de sus familiares, colocaba flores de cempazúchitl y gladiolas, me aclaro que ahí estaban enterrados su papá, mamá, hermanos y una sobrina, me dijo que cada año pone ofrenda, coloca pan blanco, hojaldras, agua, mole y fruta, e iba al cementerio a esperar la llegada de sus difuntos, le pregunté “¿Cuándo usted muera que le gustaría que le pusieran en su ofrenda? “, me contestó “a mí me gustan las nueces, cacahuetes, pepitas, semillas de calabaza, mole, arroz y chiles en nogada”, pobres de sus hijos van a tener que gastar su dinerito.

Tumba de estilo único

Encontré a la señora Elvira Méndez, me admiró verla con su hija, una niña pequeña de 11 años, arreglaban la tumba del abuelo de doña Elvira, lo estaban haciendo con mucho esmero, al preguntarle si podía responderme unas preguntas con gusto accedió, me comentó que su abuelo era muy conocido en el pueblo, cada año le ponen ofrenda, colocan mole, pipián y no puede faltar su mezcal, recordó que le gustaba mucho y cada que iba a visitarla le decía: “¿abuelito quiere mezcal?, él contestaba: nada más uno, pero que no se dé cuenta tu abuelita, porque se enoja”, me platicaba que ella si cree que los difuntos vengan en esta fecha, cuando les dejan agua y comida, ven que la cantidad disminuye; comentaba que ella ya le dijo a su hija que alimentos y bebidas le pondrá en su ofrenda, y si no lo hace le vendrá a jalar los pies.

Así como había gente que estaba adornando sus tumbas elegantemente para cuándo llegarán sus difuntos, se encontraban otras que no tenían ni una flor, realmente se veían tristes y olvidadas.

El olvido bajo lozas

Me encontré al cuidador del cementerio don José, me contó muchas anécdotas que según él ha vivido, considero que estas historias como él dijo “deberían estar plasmadas en un libro”, fueron demasiadas todas eran sobre el muerto, manifestó que vio a una calavera con sotana, se revolcó con el muerto, olió al diablo “huele a azufre”, un día “venía borracho caminando, cuando se le apareció un marrano que lo seguía, de repente se le subió en la espalda y le soplo en el oído; narra que sintió un frío intenso, él le dijo: hay mendigo yo no te he hecho nada, bájate hijo de tu pinche madre, de tan briago que venía yo, cuando entre a mi casa estaba en juicio”; también recordó historias sobre brujería que encuentra en el panteón, nos comentó que ha descubierto muchas fotografías enterradas en las tumbas, y que ha ido a buscar a las personas para decirles que hallo su foto en el panteón, descubre muñecos hechos con mucho esmero y perfección según él, es vudú.

Partí a recorrer las calles en busca de hogares donde me permitieran entrar a admirar estas majestuosas obras de arte. Me llamó la atención una casa porque en la fachada tenía un adorno con angelitos y era en tonos pastel; no había nadie en la entrada, así que me introduje tratando de encontrar a alguien con el fin de pedir permiso para ver su ofrenda; pensé “si me dicen que no, por lo menos lo intenté”, afortunadamente me permitieron pasar, doña Guadalupe fue muy amable conmigo eso me causó admiración, porque no cualquiera te abre las puertas de su casa; esperaba que fuera dedicada para un adulto era lo más lógico, me llevé una gran sorpresa cuando vi a quien estaba dedicada, a un bebé que sólo tuvo una corta existencia de 44 días, la entrada estaba decorada con globos blancos y con la leyenda “bienvenido a casa Toñito” como es la costumbre en este pueblo; la mamá muy amable platicó conmigo sobre esta experiencia, se notaba que aun cuando ya ha pasado casi un año de su partida, le duele como si fuera el mismo día que perdió a su bebé, en lo alto de la ofrenda, como ya es tradición se colocó una fotografía del bebé, le pusieron su biberón con leche, un gerber, una muda de ropa, juguetes y lo que llamó mucho mi atención, era que la ofrenda estaba decorada con barcos de foamy azul, que el papá había elaborado con sus propias manos, también estaba un cirio hermoso al pie de la ofrenda éste había sido hecho por su mamá; le di las gracias a la señora Guadalupe, porque aun cuando hice que recordara este acontecimiento tan triste, se portó muy accesible y cooperativa con cada pregunta que le formulaba.

Ofrenda Dedicada al Niño Toñito

Regrese a la casa de mi amiga a descansar de esta larga caminata, esperé a que dieran las 9 pm y regresé al panteón; al llegar me sorprendí, era una fiesta donde la luz de las velas predominaban aun sobre la negrura de la noche, el aroma del incienso y las flores estaban fusionados, lo disfrutaba conforme recorría cada rincón del cementerio, era un luto total que daba el cielo, las flores con sus colores tan vistosos y alegres se negaban a aceptarlo, cada una daba vida a esas tumbas inertes, el ambiente fúnebre se combinaba con el bullicio de toda la gente, al pasar por cada pasillo me invadía una sensación de tristeza, melancolía, añoranza, y a la vez estaba emocionada de estar viviendo esta experiencia mágica nunca antes imaginada; a lo lejos observe una rondalla cantando una canción muy conocida: “mi querido viejo”, cuando terminaron de cantar, les pedí me concedieran charlar conmigo, muy amablemente accedieron, me comentaron que cada año se dirigen al panteón en la noche del 1 de noviembre a cantarle a los fieles difuntos; pasan tumba por tumba a entonarles una canción que en vida les gustaba o que algún familiar les dedica, no cobran por su servicio, si les gustan dar una cooperación la aceptan, pues lo hacen con mucho cariño y respeto para los difuntos.

Varias personas se quedan a velar las tumbas de sus difuntos, unos llegan a las 7 pm otros antes, y permanecen toda la noche hasta el siguiente día, se retiran a las 3 pm. Los familiares prometen regresar el próximo año, otros vuelven el día de la madre o del padre, en su cumpleaños o en alguna fecha que era importante para el difunto.

El conocer nuestras costumbres es algo muy importante, porque nos conocemos a nosotros mismos. Averiguar las tradiciones que existen en nuestra ciudad es algo extraordinario, nunca imagine que una población tan pequeña y tan cercana a la ciudad tuviera tanta historia, fue muy gratificante adentrarme en esta cultura, ya que todo cuanto observe fue nuevo para mí y por consiguiente aprendí demasiado sobre esta práctica; entendí porque se ponen las ofrendas, porque se vela una tumba, entre otras cosas ya mencionadas.

Es importante empaparnos de nuestra cultura para conocer el porqué de las cosas, cada aroma, cada alimento, cada bebida y todo lo que se hallaba en los diferentes sitios a los que acudí, me dejó una enseñanza, que difícilmente olvidaré, ojala que se siguiera fomentando el conocimiento de nuestra cultura con las generaciones que vienen en pos de nosotros; esta experiencia fue muy gratificante y educativa, conocí más de mi pasado y aprendí a tomarle cariño a estos temas, que están siendo olvidados por la mayoría.

Cabe mencionar que cada persona que amablemente contribuyo con sus relatos, me ilustro sobre este hábito produjo un interese aún mayor por mi cultura. Considero que todos deberíamos de rescatar estas tradiciones e impulsar a que siguieran vivas aunque pase el tiempo. Qué bueno que se esté animando a esta generación a investigar sobre temas que están siendo olvidados “rescatémoslos”.

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