Macario

Por: Jessika Mackay

La muerte no es incomprensible, es incomprendida, velada por los límites de la encarecida conciencia humana. La muerte es un suceso, se ha mitificado, antropomorfizado, porque al ser sujeto se anhela la presencia de  conciencia, aquella que da sentido de proceder de quien sabe las consecuencias de su actuar, poniéndola en esta situación de igualdad, se permiten los afanes de poder apelar a ese sentido de imparcialidad y evitar la naturalidad de su existencia.

Pero la muerte es consecuencia, de vida,  no sujeto de voluntad. No es divina ni maligna, como bien se observa en los encuentros míticos de Macario en el monte. Obedece al orden natural, quizá sea eso lo que tanto incomoda al humano, acostumbrado a adaptar el entorno a su favor y no viceversa. Sin embargo la muerte le sobre pasa, con intransigente naturalidad cumple su ciclo y sin mella lo confirma:

Mira Macario esta es la humanidad…

Aquí ves arder las vidas tranquilamente

A veces soplan los vientos de la guerra, los de la peste

las vidas se apagan por millares, las altas, las pequeñas,

las derechas, las torcidas…

Ahora reina la calma, míralas arder…

-¿Y mi vela, mi flama dónde está? Déjame verla

Se está apagando

-Si

-¿Y no vas a hacer nada, vas a dejar que se apague?

-Hay un orden Macario

-¡Pero tú puedes!

Hay muchas velas apagadas, no la dejes que se apague

-Todo tiene su fin y su ciclo, ya no podemos hacer nada…

Es el momento del reposo y del juicio

Una historia termina y otra empieza

Cuando acabe el correr  de las acciones del hombre

Es porque empieza el juicio de lo que irá a afectar más.

El entendido de la muerte como final permite estimar a la vida en su cualidad presencial, en palabras de Jung  “Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma”.

Foto: Enrique Taboada
Foto: Enrique Taboada

 

Más visiones

 Ya no es la existencia de Dios, sino su ausencia lo que tranquiliza al hombre». Las tres luces Título original Der müde Tod. Año 1921 Fritz Lang.

«Inger, te has de pudrir porque los tiempos son podridos» ORDET, LA PALABRA (1955) Carl Theodor Dreyer.

El espíritu está pronto, pero la carne es débil. Espera un momento.  – Es lo que todos decís, pero yo no concedo prorrogas. El séptimo sello (1957) Ingmar Bergman.

“Te lo he dicho, es un espíritu. Si eres su amiga, puedes hablar con él cuando quieras. Cierras los ojos y le llamas. Soy Ana… soy Ana…” EL ESPÍRITU DE LA COLMENA (1973) Víctor Erice.

¿Por qué las luciérnagas mueren tan rápido? La tumba de las luciérnagas Hotaru no Haka 1988 Isao Takahata.

“Ahí vivimos las dos”. “De noche estoy con mamá y de día aquí con ustedes”.   PONETTE  1996  Jacques Doillon.

¿No puedo vivir 65 años sin que me lo recuerden? ¿Conoces a Joe Black? 1998 Martin Brest.

Seguro que si hubiera un libro al final del camino seguirías andando. La ladrona de libros 2014  Brian Percival.

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