El Orgasmo de Cada Mañana

Por: Fabiola Morales Gasca

Cada mujer debe de amanecer con el sol en la mirada. Toda mujer debe de amanecer roja, y desvanecerse en la más amplia gama de los naranja, para  terminar en el más radiante amarillo;  y así tener la certeza de que esa la primera y última jornada que vale la pena vivir. Bajo esa firme convicción, la vida se ve de otra manera, se cocina bajo las más exquisitas ocurrencias. Con la misma proporción del Big Bang, la mirada de la relatividad o la teoría de cuerdas, cada mujer debe sentir con la misma intensidad de la expansión del universo.

Foto: Daniel Osorio
Foto: Daniel Osorio

El efecto invernadero, la migración, la sobrepoblación,  los genocidios, la violencia, el noticiero de las seis a. m.,  el tráfico, las compras en el súper, el descongelar la carne, cocinar,  ponerle sal a la sopa, traer los niños de la escuela, lavar, planchar, sentarse a comer y hacer una lista innumerable de triviales cosas que son menos que la nada, menos que el orgasmo,  necesario de cada mañana.  Porque la mirada de una mujer con espasmos diarios contiene la visión del  mismo cosmos en convulsión desde muy temprano, cosa que dicho sea de paso, sería la envidia de muchos científicos,  en la soledad de la madrugada.

Hoy ella descubrió ese universo frente a su espejo y le gustó.

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