Matrimonio y moralidad sexual en Theano de Crotona

Por: Francisco Hernández Echeverría

Con base en la propuesta temática para este número de Proyecto 217, “Mujeres”, nos es grato apostar por Theano de Crotona, suponemos que con el afán de dar a conocer lo hay más allá de su legado filosófico, apoyándonos para ello, en los trabajos de investigación que han elaborado Graciela Hierro y Víctor Hugo Méndez Aguirre sobre esta figura casi legendaria.

Theano nació en la segunda mitad del siglo VI a.C. en la colonia griega de Crotona, en el sur de Italia. Diógenes Laercio la menciona como una de las más eminentes pitagóricas; existe un intenso debate sobre si realmente fue la esposa de Pitágoras o su discípula, esposa de Brontino de Metaponto. Jámblico menciona dos mujeres que tienen el mismo nombre y esta es, probablemente, la explicación más favorable: firmemente Diógenes afirma que Theano era la esposa de Pitágoras e hija de Brotino de Crotona, un aristócrata seguidor del orfismo (también Suda está de acuerdo con esta versión, mientras que Porfirio dice que nació en Creta, hija de Pitonacte). Sin embargo, la mayoría de las fuentes la consideran esposa de Pitágoras. Sabemos que tenía tres hijas, Damo, Mia y Arignote (todas filósofas), y dos varones, Telauges y Mnesarchus: probablemente ella se encargó de guiar la escuela junto con sus hijos después de la muerte de Pitágoras (aunque Jámblico afirma que se volvió a casar con Aristeo, quien se convirtió en la cabeza de la escuela después del célebre sabio de Samos).

Empecemos por decir que el período comprendido entre el siglo VI a.C. y el siglo V de nuestra era, alrededor de mil años, van a existir mujeres filósofas: “Cuando decimos que con Thales de Mileto nace la filosofía en el siglo VI a.C., debemos remitirnos también a que la primera filósofa aparece en este mismo siglo bajo la figura de Theano de Crotona, un poco más joven que Thales. Además de ser la primera filósofa es la primera mujer matemática” (Méndez Aguirre, 2016).

En la influyente escuela pitagórica los números y las matemáticas se estudiaban con pasión en todas las parcelas de la creación universal: eran símbolos místicos que bordeaban lo divino” (Caniff, 2003: 38). Además, consideraban que la educación era una actividad muy importante tanto para hombres como para mujeres; y en ese tenor, era preciso que una mujer fuera inteligente y culta.

Foto: Daniel Osorio
Foto: Daniel Osorio

La actividad filosófica femenina va a ser tan importante en la visión pitagórica que generará un giro en el pensamiento de las mujeres en su relación con los varones y en el lugar que ocupan en la sociedad, porque no hay que olvidar que uno de los conceptos más elevados en los pitagóricos es la armonía: el universo entendido como armonía. Y aquí es donde queremos comenzar nuestra línea argumental.

Es increíble que del conjunto de la obra de Theano, escrita en prosa y en verso, únicamente se conserve un fragmento del tratado Acerca de la piedad. Sin embargo, se cree que Theano escribió una espaciosa obra filosófica, matemática e inclusive de ciencias médicas. Esto prueba que el tránsito histórico de la oralidad a la escritura —la cual se consolida con Platón— no sólo fue una actividad de hombres, sino que también las mujeres escribieron. Acerca de la piedad, es un documento en el que notamos vivamente la idea que la filósofa tenía sobre las matemáticas al decir contundentemente:

He oído decir que los griegos pensaban que Pitágoras había dicho que todo había sido engendrado por el Número. Pero esta afirmación nos perturba: ¿cómo nos podemos imaginar cosas que no existen y que pueden engendrar? Él dijo no que todas las cosas nacían del número, sino que todo estaba formado de acuerdo con el Número, ya que en el número reside el orden esencial, y las mismas cosas pueden ser nombradas primeras, segundas, y así sucesivamente, sólo cuando participan de este orden.

Si analizamos detenidamente esta cita, podemos percatarnos que Theano fue una matemática cabal por la autoridad con la que se manifiesta al interpretar correctamente lo que Pitágoras quería exponer.

            Según La Croniche et antichita di Calabria (1601) de Girolamo Marafioti, Theano, como buena pitagórica, habla en algunas cartas explícitamente sobre la inmortalidad del alma y que la del justo tendrá una recompensa a diferencia del injusto, quien recibirá su castigo. Esta idea será retomada y elogiada tiempo después por Clemente de Alejandría en su Stromata V (Martirio cristiano e investigación sobre Dios).

              Este dato es muy interesante porque hablar de inmortalidad del alma y cómo es recompensada o sancionada ésta, constituye la piedra angular tanto del pitagorismo como del cristianismo. Es decir, ambas doctrinas llegan a coincidir en este punto rompiendo ciertos prejuicios tales como la hipótesis ilustrada —principalmente con Voltaire— de que el Cristianismo es contrario al helenismo, así como la idea del odio hacia las mujeres que experimenta la perspectiva cristiana, pues como podemos ver, Clemente de Alejandría es un cristiano que aparte de celebrar a una mujer de la era arcaica, conserva en los Stromata uno de sus fragmentos puntales.

            Bajo este esquema Theano es una pitagórica cabal, puesto aborda los dos grandes temas del pitagorismo: los números y la inmortalidad del alma.

            Ahora bien, no olvidemos que Theano además de filósofa también es una matemática, y que en la Antigüedad las matemáticas no se reducen simplemente a un conocimiento que nos permite medir el mundo, como medir una parcela de tierra por ejemplo, sino que también es conocimiento del cosmos, el cual se encuentra construido por valores que deben ser acomodados conforme a una ética. Así, Francisco García Bazán, un estudioso de las matemáticas originarias, señala que las matemáticas pitagóricas tienen como base el orden cósmico y el moral, asunto que se mantendrá vivo hasta Hipatia de Alejandría muchos siglos después. Inclusive, pensemos en Platón, quien aconsejaba estudiar primero matemáticas y después dialéctica para poder acceder al mundo inteligible; además “si la dialéctica nos conduce al bien, existe una relación entre las matemáticas y lo moralmente bien, lo éticamente bien” (Méndez Aguirre, 2016).

            Y aquí es donde encontramos a la bella Theano fundando una especie de pitagorismo con estilo netamente femenino, hacer filosofía con sello de mujer: cuando se aventura a pensar profundamente sobre el cuerpo del hombre y la mujer, y sobre todo, el asunto del matrimonio.

La joven y hermosa Theano, con el ímpetu de su juventud y el alma llena de amor por el Maestro, un día se decide a declarársele, a decirle que su vida es de él y que desea compartirla. Esto conmueve al Maestro, quien por primera vez siente palpitar fuertemente su corazón por sentirse tan agraciado y favorecido por el amor casi a nivel de adoración de la enamorada mujer. Por supuesto y siguiendo las leyes de su nación, Pitágoras y Theano contraen matrimonio, con lo que el Maestro complementa su vida magistralmente (Gómez Pérez, 2002: 98).

Hagamos un paréntesis aquí para decir que si partimos de que el matrimonio ha sido el destino socialmente constituido para la mujer, más que decir esposa o mujer casada es preferible utilizar el término “dámar”, donde “ar” suena a armonía —asunto muy pitagórico— que tiene que ver a la vez con el verbo “ararisco” que significa “cuidar” y del cual algunos filólogos consideran se forma la palabra “areté” o excelencia. Entonces el “ar” de “dámar” tiene que ver con “ararisco” y con “areté”, es decir, el cuidado de la excelencia; y si “dám” viene de cómo se nombra casa en griego, “domus”, “dámar” por tanto es una forma de decir “la que cuida la casa” o “ama de casa”. Por ende, el ideal más alto para una filósofa pitagórica como Theano es llegar a ser una “dámar”, que más allá de ser esposa es una guardiana de la casa que sigue haciendo filosofía. He aquí la construcción de una relación filosofía-matrimonio, lo ideal es: hacer filosofía en pareja para crear en los hogares un ambiente de armonía, en beneficio de la educación de los hijos.

            Así, los pitagóricos van a ver en el papel del matrimonio una posibilidad para hacer filosofía. Cabe aclarar que no es que no hubiera filósofos solteros, o que algunos ya estuvieran casados y que sus mujeres no se dedicaran a la filosofía, sino que lo rescatable aquí es que los pitagóricos van a crear la idea de que es posible hacer filosofía en la relación de pareja, idea que llegará hasta la escuela cínica durante el helenismo, como es el caso de Crates de Tebas e Hiparquía, quienes se casan y se dedican a hacer filosofía pero a un nivel de iguales, al margen de una sociedad patriarcal, machista y misógina (Méndez Aguirre, 2016).

            Tal panorámica cuadraba perfectamente con la forma que tenían los pitagóricos de ver la conyugalidad, donde el ser humano no es el hombre, no es la mujer: el ser humano es la pareja; y si hablaban de la salud y la purificación ética del ser humano, se estaban refiriendo a la salud y la purificación ética a través de la pareja.

Esto nos remite a la versión platónica que nos recuerda que “cada uno de nosotros es un símbolo de hombre” (Platón, 2014, vol. I: 723; Banquete 191d), porque nuestro ser no está completo, ni puede conocerse completamente en la determinación de su individualidad aislada. En efecto, la palabra “símbolo” (σύμβολον; symbolon) que significa contrato, marca, signo, señal, presagio, convención, se relaciona con el verbo συμβάλλειν (symballo), el cual se compone por: 1) συμ- (sym-), variante de συν- (syn-), de σύν que significa “con”, es decir, implica una idea de conjunto, de colectividad, de reunión, y 2) βάλλειν (ballein) que significa lanzar, arrojar, tirar. Por lo tanto, símbolo (“sym”, “bol”) será “lanzarse con”, “arrojarse hacia” algo que ha sido partido por la mitad y que necesita ser reunido para formar una unidad. En pocas palabras, un símbolo es un objeto partido en dos que al unirse se reconocen como unidad.

A la sazón, ¿cuál es la formulación pitagórica de la versión platónica del hombre? Que el hombre es símbolo de la mujer, idea que aparecerá también en Empédocles, un filósofo pitagórico discípulo de  Telauges, que es hijo de Pitágoras y Théano. Entonces, esta idea de que la plenitud humana se da en pareja (Méndez Aguirre, 2016).

Cerrando dicho paréntesis y retomando lo que se venía diciendo sobre las sugestivas reflexiones de Theano en el asunto del matrimonio, que como ya mencionamos consistía en hacer filosofía en pareja, que el ser humano se hacía en pareja y la plenitud humana se lograba mediante la pareja, no es lejano lo que Plutarco (1986: 192-193) pone en labios de ella en “Deberes del matrimonio”:

Theano, colocándose el manto alrededor de su cuerpo, enseñaba el brazo. Cuando alguien le dijo: “hermoso brazo”, ella le respondió: “pero no público”. Conviene que no sólo el brazo sino también el discurso de la mujer prudente no sean públicos; que ella sienta respeto y tenga cuidado de desnudar su palabra ante personas de fuera, ya que en la palabra se descubren los sentimientos, caracteres y disposiciones de la que habla.

Otra idea muy importante que aparecerá tanto en Theano como en Hipatia de Alejandría es aquella referente al ámbito de la corporalidad.

            Debemos recordar que dentro del pensamiento pre-ético, no meramente Occidental, existe  algo que el filósofo y antropólogo francés Paul Ricœur llama los símbolos primarios del mal, entre los cuales va a destacar el asunto de la mancilla. Si bien el pecado y la culpabilidad son los símbolos por excelencia del pensamiento judeo-cristiano, la mancilla es el símbolo más primigenio que podemos encontrar en diferentes culturas a lo largo del planeta. El término “mancilla” podría significar “mancha” en general, pero también alude a impureza moral. ¿Qué es entonces la mancilla?

“La mancilla, palabra que no es sinónimo de mancha, pero se entiende a través del concepto de mancha, por analogía. La mancilla no es una mancha física, sino simbólica. Se mancha el espíritu, el alma, la conciencia, el interior. Mancilla es un acto que desencadena un mal, o bien un fluido misterioso e impuro que actúa en nosotros contaminándonos” (López Sánchez, 13).

De esta suerte, mancilla sugiere fluidos corporales que en cierto tiempo y lugar son considerados contaminantes, por ejemplo, cuando se derrama sangre en un lugar consagrado hay que volverlo a consagrar, si alguien se suicida en un lugar sagrado, éste queda contaminado. “La sangre, la menstruación o el semen son fluidos contaminantes en ciertos casos, no generalmente, sino que depende del contexto, como es el caso de un pensamiento ritualista que exige castidad durante ciertas épocas. En ciertas épocas no puede haber contacto sexual, ni entre marido y mujer, verbigracia en el ámbito musulmán, cuando la mujer está menstruando duerme en el suelo” (Méndez Aguirre, 2016).

Toda esta idea de los fluidos corporales como contaminación generaron una revolución en el pensamiento femenino antiguo, esencialmente aquellos fluidos corporales asociados a la sexualidad, y Theano tendrá un tonito muy especial para referirse a ello, pues sus consideraciones tratarán pasar de un pensamiento ritualista a un pensamiento ético. Si bien todos sabemos que la ética nace con Sócrates, cuando observamos que la conclusión moral de Theano rompe con el pensamiento ritualista donde el acto sexual tiene tiempos y lugares, para construir un pensamiento ético donde lo que importa en la sexualidad es la relación. Es decir, no importa ya el tiempo y lugar sino con quién se mantiene la relación sexual.

De este modo, la Antigüedad ya se estará planteando la cuestión de la transmisión de “efluvios malignos” o “miasmas” que por medio del sexo desprendían los cuerpos corrompidos. Y a pesar de ser un pensamiento pre-ético, a la fecha no ha dejado de influenciar en todas las culturas, como bien lo dice Ricœur en un pasaje de “La symbolique du mal” (La simbólica del mal) contenido en el segundo tomo de Philosophie de la volonté: Finitude et Culpabilité (Filosofía de la voluntad: Finitud y culpabilidad):

Ainsi frappé par l’importance et la gravité attachées à la violation des interdictions de caractère sexuel dans l’économie de la souillure; les prohibitions de l’inceste, de la sodomie, de l’avortement, des relations en des temps —et parfois des lieux— défendus est si fondamentale que l’inflation du sexuel est caractéristique du système même de la souillure, au point qu’entre sexualité et souillure une complicité indissoluble paraît s’être nouée dans un temps immémorial (Ricœur, 1988: 187-190).[1]

Como podemos observar, la complicidad entre sexualidad y mancilla (souillure) parece haberse establecido desde tiempos remotos bajo un aspecto pre-ético, convirtiéndose en un asunto fundamental que se irá incorporando en la construcción de las éticas posteriores. De ahí que los grandes debates de las sociedades contemporáneas, por ejemplo el asunto del aborto, son cuestiones atávicas, es decir, no se trata únicamente de lo que pensamos sino que somos lo que elegimos ser, “elegimos lo que somos, y somos eso que elegimos” —dice Jean-Paul Sartre—, somos lo que decidimos ser, en el dasein. Consecuentemente, nos percatamos que tenemos miles de años colocando el sistema de los fluidos corporales como una preocupación fundamental, y no podemos dejar de pensarlo pese a estar instalados dentro de un sistema muy diferente (Méndez Aguirre, 2016).

            De acentuado interés serán entonces los asuntos del cuerpo para Theano, instándola a reflexionar en torno a una moral sexual en el ámbito de la institución que es el matrimonio, tal como lo podemos corroborar en los dos apotegmas que Diógenes Laercio pone en boca de la misma filósofa:

Dicen que preguntada ésta cuándo quedaba limpia una mujer después de mantener relaciones sexuales con un hombre, respondió que siendo el marido “aun estando con él”, pero que tratándose de otro, nunca quedaba limpia. Por otro lado, alentaba a las mujeres a que al ir a dormir con sus maridos, junto a la ropa se despojasen también de la vergüenza, pero que a la mañana siguiente, al volver a vestirse, junto a los vestidos, se volviesen a poner el recato. Al parecer eran éstas cualidades o virtudes entendidas como propiamente femeninas, ya que así las reivindica Théano, al decir de Laercio: “Preguntada entonces qué cosas eran éstas, respondió: “Aquellas por las cuales me llamo mujer” (Laercio, 2007: 434).

No se trata de una ética general, sino de un esquema de pensamiento pre-ético en el que Theano, al igual que muchas mujeres de Crotona, cuestiona su sistema sexual, señalando inclusive como injusto que mientras los varones podían tener comercio sexual con la esposa, con la concubina, con prostitutas y erómenos, a las mujeres se les exigiera fidelidad conyugal. En los pitagóricos la búsqueda de un mismo código de moralidad sexual para hombres y mujeres era indispensable: lo ideal era que relaciones sexuales extramatrimoniales estaban prohibidas para cualquiera de los dos sexos; Pitágoras convencería a los habitantes de Crotona de que se deshicieran de sus concubinas, según nos cuenta Jámblico (Vida de Pitágoras, 50).

Que las gentes de Crotona buscaran la supresión de la doble moral sexual es muy interesante, y justifica la digna visión de Theano sobre el matrimonio como una cuestión fundante de la sociedad, de la familia y la sociedad. Así, por lo menos las mujeres en Crotona, lograron una pequeña utopía: generar una igualdad entre hombres y mujeres en el ámbito sexual: “¿Qué les importaba a las mujeres la economía, digamos, de la sexualidad, con el intercambio de fluidos en el sentido de que fuera una relación ética, y no solamente ritual? Les importaba la relación conyugal como una relación igualitaria. Esa es una pretensión muy femenina” (Méndez Aguirre, 2016).

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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

CANIFF, Patricia (2003): Pitágoras. España: Edimat.

GÓMEZ PÉREZ, Marco Antonio (2002): Pitágoras. México: Grupo Editorial Tomo

LAERCIO, Diógenes (2007): Vidas y opiniones de los filósofos ilustres. Madrid: Alianza Editorial (Trad. de Carlos García Gual).

LÓPEZ SÁNCHEZ, Marco A. (2016): “La segunda ingenuidad como apuesta filosófica. Una reflexión en torno a la voluntad”. Imprimátur (Ápeiron. Estudios de filosofía, Madrid), No. 5, Febrero, pp. 5-21.

MARAFIOTI, Girolamo (1601): Croniche et antichità di Calabria. Padua: Ad instanza de gl’Vniti.

MÉNDEZ AGUIRRE, Víctor Hugo (2016): “Filósofas de la Antigüedad: desde Teano de Crotona a Hypatia de Alejandría”. Conferencia organizada por la Academia de Lenguas Clásicas Fray Alonso de la Veracruz, durante el Curso superior de historia de la filosofía occidental. Aula Magna Dr. Mauricio Beuchot, 12 de Marzo, Puebla, Pue., México.

PLATÓN (2014): Obras, vol. I. Madrid: Gredos (Germán Cano Cuenca y Alfredo Brotons Muñoz). (Acervo personal)

RICŒUR, Paul (1988): Philosophie de la volonté II: finitude et culpabilité. París: Aubier.

PLUTARCO (1986): Obras morales y de costumbres II (Moralia). Madrid: Gredos.

[1] “Así, sorprende la importancia y la gravedad que se concede a la violación de las prohibiciones de carácter sexual en la economía de la mancha. La prohibición del incesto, de la sodomía, del aborto, de las relaciones sexuales en tiempos —y a veces— hasta en sitios prohibidos adquiere una importancia tan fundamental que la inflación y desorbitación de lo sexual es característica del sistema de la impureza, hasta el punto que parece haberse establecido desde tiempo inmemorial una complicidad indisoluble entre sexualidad e impureza” (Traducción de Cecilio Sánchez Gil en la edición al castellano de Taurus, 1991).

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