Porfirio Díaz y un 2 de abril olvidado.

Por: Enrique Taboada

Lo encontré como encuentro todas mis historias, arrumbadas en algún rincón olvidado, o en un lugar tan visible que se vuelven cosas cotidianas, cosas que paso a paso se olvidan, esta es la historia de una batalla, de héroes y del término del segundo imperio, todo esto desarrollado dentro de la misma ciudad poblana.

Foto: Enrique Taboada

Imaginemos a Porfirio Díaz, un joven militar oaxaqueño arriesgando su vida burlando la vigilancia y escapando por atrás del carolino de los franceses después de la batalla de 1863, pasan 4 largos años donde el imperio de Maximiliano cae, hay 4 ciudades que los imperialistas tienen Veracruz, Puebla, México y Querétaro donde se encuentra Maximiliano, este manda por refuerzos a México, el General Noriega esta a merced de Porfirio sitiado desde el 8 de Marzo en la angelópolis, el general Márquez tiene dos opciones, auxiliar a Puebla o a Querétaro, toma una decisión que cambio nuestra historia, va a Puebla.

En mi visita a los fuertes de Guadalupe y Loreto una vieja tradición Poblana, pues, en este lugar es donde ricos, pobres y clase media se unen en un sitio ya sea para correr, hacer ejerció o una buenas cemitas preparadas al albor de la tarde para matar el hambre, haciendo de cuentas que es un día de campo dentro de la ciudad. Me encontraba en una de las salas del fuerte de Loreto, mi mirada se posó en una pintura, era un Porfirio Díaz portando un traje militar debajo de la pintura las siguientes letras. “Porfirio Díaz combatió y venció al imperio; salvo la república; y sobre pujando en pericia y valor al soldado francés. Tomo por asalto la plaza de Zaragoza el 2 de abril de 1867” una condecoración para aquel héroe y una batalla olvidada como la de 1863, a un lado de esta pintura un gran relieve en bronce sobre esta batalla, al fondo la catedral después una batalla desarrollándose, en la parte superior la fecha de la batalla “1867” en la parte posterior “El señor general Porfirio Díaz héroe de esta batalla” Desde ese momento la historia se vuelve mas interesante.

Imaginamos a lo que quedaba del imperio atrincherado en el convento del Carmen, 13 columnas entrando por la ciudad, un genio militar llamado Porfirio Díaz y una sed de Venganza por lo sucedido en 1863. Así fue como comenzó la lucha a las 2 de la mañana. Tempranito como le gustaba a Don Porfirio. Es aquí donde la calle es la que hace eco en la historia, en los portales que miran a la catedral en la esquina se ve una placa con la siguiente insignia “A la memoria de Don Juan Crisóstomo Bonilla gobernador y benemérito del Estado que el 2 de abril de 1987 al frente de su columna fue el primero en llegar a este punto ocupando la plaza” Como dato para concluir con este personaje tan emblemático, Bonilla era general, profesor, liberal y poblano de corazón, sin contar que fue un excelente servidor público. El primer punto en ocuparse fue la catedral se dice que Porfirio mando a sonar las campanas de la catedral con toda su fuerza como una manera de arremeter contras sus enemigos, al amanecer la plaza Poblana caía en manos de los republicanos, con esto se sella la capitulación entre Francia y México, que muchos la llamaron la tercera guerra

Foto: Enrique Taboada

Para continuar la historia que pide a gritos ser contada, en el “Museo del general Ignacio Zaragoza” se encuentra el botín de la guerra, una bandera con el escudo del segundo imperio con el águila imperial volando sobre el nopal, apresada por un escuadrón Tlaxcalteca, es la pieza clave para entender esta historia batalla, que guarda la ciudad poblana, retomamos la batalla a las 3 y media de la mañana ya casi esta la ciudad tomada solo falta un lugar, el convento del Carmen, así que como antes de amanecer las tropas republicanas toman a Puebla, repelen al tigre de Tacubaya y Puebla vuelve hacer heroica, por tercera vez.

Nuestra ciudad nos da eco de las voces del pasado, una mirada para por las heroicas calles que pisamos en el ir y venir diario de nuestro trabajo, quizás los villanos fueron héroes alguna vez como Porfirio Díaz, quizás hay muchas historias que guardan la ciudad esperando ser contadas, quizás nuestra memoria colectiva tiene que ser nutrida con historias como estas.

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