Memorias

Por: Enrique Taboada

Las siete ya van a dar, el niño va a merendar, las siete van a sonar, y es cuento de no acabar porque el pequeño es un llorón que siempre sale con esta canción… Cri Cri.

Casi las 8:00 a. m. y caminito a la escuela sonaba en la radio, estamos hablando de 1995, una madre calienta leche, esa mujer es mi madre y el niño que está en la mesa esperando la leche soy so, suena una canción de Cri Cri, me sirven la leche, en Nanacamilpa los días en enero son un  poco crueles, el frio se cuela por debajo de la puerta de madera, siento frio, me sirven la leche, mi madre dice – Te la tomas toda. Son las órdenes de mamá.

Veo el gran vaso de leche, le pongo chocolate, lo miro, y lo vuelvo a mirar, no puedo tomármelo, lo veo grande e infinito, no me gusta la leche, mi madre se arregla y prepara las cosas, yo en un descuido vierto un trago de leche en la ventana que cae en una planta, -Ya es tarde. Me dice mi madre mientras va y viene con la escoba pensando en la comida y demás.

Foto: Enrique Taboada

Tomo un trago, se enfría la leche y arriba se pone la nata, me da asco la nata, cuando la siento por la garganta, no me quiero tomar la leche, sería feliz con una taza de té de canela o te limón, pero no sigue esa extensa capa de nata, se expande por el vaso como si se volviera infinito y el tiempo pasa lentamente, jamás he faltado a clases, solo espero el sábado para ver los caballeros del Zodiaco y saber si Saint Seiya   podrá llegar a la 12 casa y salvar a Atena no sin antes ver a Sailor Moon, pero el tiempo no pasa, la escuela es una jaula, mi madre grita porque se nos hará tarde, agarro una cuchara y quito la nata, la estúpida nata que no me gusta, mi tío Gonzalo le gusta tomar un cocol y untarle nata con un poco de azúcar y se lo come, lo disfruta, los domingos aparte de ir a misa tenemos que ir a la casa de la abuela, ahí tomo café.

Se hace tarde, decido tomarme la leche poco a poco, tragito a tragito, ¿Por qué debemos ir a la escuela? ¿Cómo sería un día normal? La escuela me queda a dos cuadras, mi madre insiste en que se nos va hacer tarde,  creo que hice mal la tarea de matemáticas, llevo mis canicas en mi mochila, de hecho no sé cómo podría sobrevivir sin mi diablita, ni mi tonina, es viernes y quizás el día se vaya rápido.

Termino por tirar mitad de vaso leche en la planta de mi madre, quizás a ella le haga mejor, ya casi son las 8 y salimos a la calle con un chamarra que apenas me deja moverme, hace frio, mis mejillas lo sienten, estamos cerca de la escuela, se escucha el timbre entonces corro, corro lo más que puedo, espero llegar a la puerta de la escuela.

Foto: Enrique Taboada

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