Édouard Herriot: la tradición liberal-centrista francesa

Por: Francisco Hernández Echeverría

Durante la elección presidencial de Francia prácticamente los votantes tuvieron dos propuestas antagónicas para el futuro del país y de Europa: Emmanuel Macron, del nuevo partido ¡En Marcha! y Marine Le Pen, candidata del Frente Nacional. El primero, un exbanquero con escasa experiencia y un mensaje liberal europeísta, y la segunda, heredera de la ultraderecha, partidaria de salir de la Unión Europea. Desde la primera vuelta, Macron se posicionó como claro favorito y, ya para la posterior, su triunfo fue contundente, apoyado de sus rivales socialistas y conservadores. La izquierda casi fue echada a un lado.

En el momento más candente de la contienda electoral, Macron visitó la ciudad de Lyon para presentarse como el único capaz de frenar a la extrema derecha, en virtud de que dicha ciudad goza de una larga tradición de moderación política; de hecho sus pobladores son muy dados a las figuras centristas, puesto que su personaje político más emblemático es Édouard Herriot, un defensor radical de la laicidad abierta —Macron lo nombraría numerosas ocasiones durante su campaña— que se desempeñó como alcalde de Lyon por casi 50 años: de 1905 a 1940 y de 1945 hasta su muerte en 1957.

Édouard Herriot fue un político, escritor y ensayista francés, quien sirvió en nueve gabinetes diferentes, fue Premier[1] de Francia tres veces (1924-1925, 1926, 1932) y alcalde de Lyon por casi 50 años: de 1905 a 1940 y de 1945 hasta su muerte en 1957.

Se podría decir que la vida de Herriot casi simbólica: “Né en 1872, à peu près en même temps que la Troisième République, Édouard Herriot disparaît en 1957, un an avant que s’effondre la Quatrième”[2] (Berstein, 1985). Y al igual que su rival por el liderazgo del Partido Radical-Socialista en el período entreguerras, Édouard Daladier, fue producto del sistema educativo estatal creado por la Tercera República y un apasionado defensor de los principios de la Revolución Francesa.

Nació el 5 de julio de 1872 en Troyes, siendo hijo de un oficial de infantería que murió cuando era niño. Obtiene una beca para estudiar en la École Normale Supérieure, de donde se gradua en 1891. A principios del verano de 1894 consiguió la agregación[3] en Letras, abriéndosele así las puertas hacia una brillante carrera académica. Fue el primer profesor en impartir la asignatura de retórica en el lycée de Nantes y en el de Lyon.

En 1897 publica su primer libro, titulado Philon le Juïf. Essai sur L’école juive d’Alexandrie (Filón el judío. Ensayo sobre la escuela judía de Alejandría), con el que obtuvo el Premio Victor Cousin de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. El Affaire Dreyfus será el motivo por el que Herriot incursione de facto en la política como un liberal radical, fundando en Lyon junto a Émile Zola, Anatole France y Charles Péguy la sección lyonesa de la Liga de los Derechos Humanos, a la vez que, como muchos intelectuales de su generación, se afilia al Partido Radical-Socialista —en el que permaneció durante toda su carrera política.

Foto: flickr.com/ mll

En 1904 defiende su tesis doctoral, Madame Récamier et ses amis (La señora Recámier y sus amigos) y, en 1905, publica una aguda crítica literaria que llevó como título Précis de l’histoire des lettres françaises (Detalles de la historia de las letras francesas). Ambos trabajos le reportarán tal fama, que lo llevaran a convertirse en Consejero Municipal de la progresista ciudad industrial de Lyon. Posteriormente participa para las elecciones de alcalde de la misma localidad, de las cuales sale victorioso y sucede a Jean-Victor Augagneur.

Como alcalde de la antigua capital de la Galia ——puesto que ocupó por el resto de su vida, con la excepción de una breve interrupción durante la Segunda Guerra Mundial— desarrolló diversidad de servicios y bienestares municipales que le granjearon un sólido prestigio local que se ve recompensado cuando en 1910 se convierte en Consejero General. En 1912, como figura prominente del Partido Radical-Socialista, es elegido senador para el departamento de Ródano.

En plena Primera Guerra Mundial, Herriot es nombrado ministro de Obras Públicas, Transporte y Abastecimiento bajo el quinto ministerio de Aristide Briand (de diciembre de 1916 a marzo de 1917). Ahí demostraría perspicacia política y capacidad administrativa para reorganizar los servicios esenciales de abastecimiento y transporte en tiempos de guerra. Una vez concluido el conflicto, logra reconstruir al moribundo Partido Radical-Socialista regresándole su voz de reformismo progresista. En noviembre de 1919 abandona su escaño en el Senado para participar en las elecciones para la Cámara de Diputados, las cuales gana nuevamente para el departamento de Ródano —función que desempeñaría hasta 1942.

Gracias a su elocuente y persuasiva oratoria, Herriot asciende rápidamente en el Parlamento y se hace del liderazgo del Partido Radical-Socialista (1923), oponiéndose al Bloque Nacional, una coalición electoral conservadora de postguerra. Las medidas económicas que había tomado el gobierno de Poincaré para reducir el déficit —austeridad presupuestaria y aumento de los impuestos— consiguieron fortalecer al franco, pero tuvieron un evidente costo social y, por ende, político. Entonces, después de la disputa que Herriot sostuvo con el presidente de la República, Alexandre Millerand, propuso a la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO, en adelante) unirse a su partido para fundar el Cartel des Gauches (Cártel de Izquierdas) para participar en las elecciones parlamentarias de mayo de 1924. Este asunto será visto por Jean-Noël Jeanneney en Leçon d’histoire pour une gauche au pouvoir. La faillite du Cartel, 1924-1926 (Lecciones de historia de la izquierda en el poder: el fracaso del Cártel, 1924-1926), como la estrategia de un líder político prestigioso, pero que no por ello dejaba de ser “un hombre de Estado mediocre”, que consideraba pragmáticamente esta coalición de izquierda formada por radicales y socialistas con el fin, tal vez, de lograr una posición centrista.

Cuando el Cartel gana las elecciones, Herriot se lleva la mayoría de los escaños y se convierte en el Premier de Francia. Esto le permitió forzar la dimisión de Millerand y pedir el apoyo de los socialistas para formar un gobierno capaz de aplicar una activa reforma estructural de signo laico: suprimir la embajada francesa ante la Santa Sede, que había sido restaurada por Briand en 1921, abolir el Concordato que afectaba a Alsacia y Lorena, extender el reconocimiento de jure[4] a la Unión Soviética, la evacuación de las tropas de la cuenca del Ruhr (ocupado por Francia desde 1923), apoyar decididamente a la Sociedad de Naciones, adoptar el Plan Dawes para facilitar el pago de las deudas de guerra y la recuperación económica de Alemania y abogar por la creación de una Unión Europea. En general, una reorientación de la política exterior francesa que hacía descansar la seguridad en unas relaciones exteriores basadas no en el rencor y el revanchismo, y sí en el desarme y el arbitraje ante los conflictos. Además, en este clima, el gobierno hizo justicia a Jean Jaurès, uno de los padres del socialismo, al trasladar sus restos al Panteón. La derecha vería en este gesto una verdadera provocación (Montagut, 2017).

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Pese a estos avances, la gestión de Herriot será muy breve, ya que para enfrentar los crónicos problemas de la inflación lanza el proyecto denominado “El muro del dinero”, consistente en aplicar un impuesto al capital. Estas políticas le ganaron la enemistad de la derecha y de los católicos. Así, el veto del Banco de Francia al presupuesto bajo amenaza de echar abajo la moneda, y la presión de la industria y la propiedad privada, le hicieron dimitir en abril de 1925 y quedar como Presidente de la Cámara de Diputados. Para julio de 1926 recupera de nueva cuenta el puesto de Premier, pero sólo dura en el cargo tres días.

Cuando Raymond Poincaré y su Unión Nacional ganan la presidencia, Herriot se ve obligado a unírsele como ministro de Instrucción Pública (1926-1928), que en virtud del sosegado clima político que rige, puede implementar una ambiciosa reforma escolar de carácter eminentemente progresista. En 1929 Aristide Briand propone la idea de una Unión Federal Europea, y el famoso estadista la apoya de forma inmediata, aunque la mayoría de líderes políticos se mantienen al margen de dicha propuesta, esto le motiva escribir Etats-Unis d’Europe (Los Estados Unidos de Europa, 1931). Por esa época Adolf Hitler va ascendiendo al poder con una retórica racial y diatribas vociferantes que parece no alarmar a los círculos políticos franceses. El 16 de marzo de 1931 Herriot escribirá en La Dépêche: “No creo imposible que los socialistas, los demócratas y los centro-católicos, afectados por estos ataques, sean capaces de tomar acciones contra el régimen actual, inclusive, cabe que señalar que existe una pequeña grieta que divide a Hindenburg de Hitler. En cuanto a los judíos, podemos confiar en que sabrán defenderse”.

Herriot regresa a la palestra política formando nuevamente una coalición electoral con la izquierda, la cual obtiene el triunfo y el 3 de junio de 1932 preside por tercera vez el gobierno. Tan importantes son las propuestas de Herriot que el mismo Albert Einstein lo aprobará con beneplácito: “Estoy convencido de que el Plan de Herriot representa un importante paso adelante en cuanto a cómo, en el futuro, deben ser resueltas las disputas internacionales. También considero que dicho plan es la mejor propuesta dentro de otras que se han hecho. Es decisivo por la búsqueda de la comprensión y la viabilidad en que se define un problema dado” (en Rowe y Schulmann, 2007: 259).

No obstante, dicho gobierno no fue capaz de lidiar con los problemas económicos que sus predecesores habían heredado, además de enfrentar una situación internacional que cada día empeoraba. Ante tal situación Herriot sólo dura en el cargo hasta diciembre, cuando la Cámara de Diputados se niega a pagar la cuota de diciembre de las deudas de guerra de Francia con los EEUU.

Del 26 de agosto al 9 de septiembre de 1933 visita la Unión Soviética y cuando regresa a su país niega categóricamente el Holodomor[5]. Según sus palabras: “[Yo no vi más que] jardines familiares de koljós admirablemente irrigados y cultivados […] No cabe duda que la cosecha es sorprendente; nadie sabe dónde guardar el trigo […] He atravesado Ucrania. ¡Y bien!, afirmo que he visto así un jardín a punto de florecer” (Werth y otros, 1999: 159-160). Al respecto Robert Conquest (2000: 122) ha dicho que un día antes de la llegada de Herriot y otros visitantes del bloque occidental se apartó de la vía pública a mendigos, huérfanos y desnutridos. Los comedores habían sido abastecidos, sin embargo la compra de productos estaba prohibida. También hubo una limpieza a fondo de las calles. Thevenin (2005) afirma que Herriot conoció a varios “campesinos” falsos, todos ellos comunistas o miembros de la Komsomol seleccionados y con un estado óptimo de salud. El 13 de septiembre, el diario Pravda publicó las declaraciones del mandatario francés en las que desmentía categóricamente las “mentiras burguesas”.

Cuando la democracia burguesa francesa parecía ser entonces la más estable de Europa, se produjo el asalto de las ligas fascistas al Palacio Borbón, haciendo fracasar el intento de reforma constitucional. Herriot se desempeñaba como presidente de la Cámara de Diputados, y no tuvo más remedio que experimentar un cierto viraje hacia la derecha, participando en varios gabinetes conservadores: el 6 de febrero de 1934 colabora como vice-Premier en el gobierno de Gaston Doumergue y otra vez bajo Pierre Éttain Flandin en 1934-1935. Herriot, ahora de la derecha francesa, se opone, junto con el presidente de la República, Albert Lebrun, a que Léon Blum auxilie al bando republicano a contener a los militares sublevados en España.

Bajo este contexto, Léon Blum, Maurice Thorez, Daladier y Daniel Mayer forman en 1934 el Front Populaire (Frente popular), una coalición entre el Partido Comunista, el Partido Socialista y el Partido Radical-Socialista de Herriot. Éste se negaría a dicha alianza, y prefiere renunciar en 1935 a la presidencia de su partido para ser reemplazado por Daladier. Sin embargo, en todo caso, apoya a que su partido evolucione hacia la izquierda formando parte del Front Populaire en 1936, sobre todo porque Hitler se encuentra ya en el poder en Alemania.

Estas decisiones inspirarán a Lev Trótzkij escribir “Edouard Herriot. Politician of the Golden Mean” (Edouard Herriot. El político del justo medio, 1935), un artículo duramente crítico sobre la actuación política del destacado dirigente, la cual no sólo era incapaz de hacer frente a problemas sociales fundamentales sino que también sería arrastrada al olvido. Con esto, el viejo revolucionario quería demostrar la bancarrota absoluta de la política y de los políticos del justo medio, de los cuales Herriot era su representante típico. Sobre esa mediocridad se han construido los pilares del régimen democrático. De hecho, Herriot no es un fenómeno puramente francés, pues los políticos del justo medio han florecido también en Gran Bretaña y EEUU, y también han llegado al mismo callejón sin salida: no pueden sobrevivir a la guerra por el impotente papel que han hecho políticos capitalistas democráticos del tipo Herriot-Roosevelt.

Debido a que Trótzkij es objeto de persecución por las autoridades francesas, no pudo publicar en su momento su artículo sobre Herriot.

Total que el Front Populaire hace un buen papel en las elecciones parlamentarias ganando un total de 376 escaños. Léon Blum, líder del Partido Socialista, se convierte en Premier e introduce la jornada laboral de 40 horas, nacionaliza la banca y la industria armamentista, así como otras reformas sociales importantes. Sin embargo, los esfuerzos combinados del Front Populaire encabezados por stalinistas, socialistas y radicales no logran frenar la crisis que terminará estrangulando el movimiento revolucionario de las masas francesas. Trótzkij afirmará contundentemente: “El capital financiero se ocupa de armar a los fascistas. Los stalinistas restablecen la reputación de izquierda de Herriot mediante la mascarada del Front Populaire. ¡He aquí para qué sirven, en 1935, las consignas de la Revolución de Octubre” (Trotsky, 2006: 82).

Hasta ese momento, Herriot había ejercido gran influencia en la vida política francesa, durante 35 años la aplicación y el triunfo de sus propias convicciones habían sido compartidas por un gran número de franceses. Empero, sus ideas se irán tornando cada vez menos capaces de resolver los problemas del período de entreguerras, trayéndole repetidos fracasos y convirtiéndolo poco a poco en una figura marginal.

En efecto, la época en que existía una coexistencia entre hombres de distintas generaciones, en que se compartían valores de diversas tendencias —por ejemplo, un Daladier nacido en 1884 y los Jean Zay y Pierre Mendès France, nacidos en 1904 y 1907 respectivamente— estaba llegando a su ocaso (Berstein, 1985). Tarde o temprano, la permanencia de un grupo de edad avanzada en el Partido Radical-Socialista irá generando gradualmente malentendidos ideológicos con respecto a la idea de República con los miembros jóvenes que se van afiliando a la organización, sin olvidar también la evolución misma del concepto de izquierda. A este respecto, recordando una reunión de marzo de 1934, Herriot escribirá en Jadïs (Hace mucho tiempo): “Frente a mi primer Comité de distrito; no hallé, de entrada, el hogar, esa inmediata confianza que experimenté por tanto tiempo. Durante tres horas, me cuestioné, me critiqué. Me sentí como si estuviera al margen. Una generación más joven se levanta, dura e injusta” (en Pinol, 1988: 1150).

En 1935, este divorcio generacional se consuma entre un hombre formado en el siglo XIX, cuando el affaire Dreyfus catapultó su firme compromiso como lo había hecho con una buena parte del electorado, y una población francesa rejuvenecida. Hay que recordar que el período de entreguerras es un período de envejecimiento de la población, y al mismo tiempo, es también de renovación del electorado. De ahí que ahora el alcalde de Lyon será sólo “un símbolo de los tiempos pasados”. Este hecho se debía en gran medida a que sus primeras creencias, muy enraizadas, le iban haciendo incapaz de comprender que los valores que construyeron su cacicazgo parlamentario y su popularidad ya no fungían como receta para los nuevos tiempos que estaban corriendo (Pinol, 1988: 1150).

Efectivamente, la situación es tan tensa en esos momentos que Trótzkij lo acusará ahora de vanidoso y servil: “De hecho, Doumergue es un explotador capitalista del ala fascista de la pequeña burguesía, del mismo modo que Herriot es un explotador de la pequeña burguesía radical” (Trotsky, 2006: 40). También añadirá:

“Luchar” por la paz en 1935, en alianza con Herriot y los “pacifistas” burgueses, es decir los imperialistas hipócritas, significa simplemente apoyar el statu quo, bueno por el momento, para la burguesía francesa, significa adormecer y desmoralizar a los obreros con las ilusiones del “desarme”, de “los pactos de no agresión”, y la mentira de la Sociedad de las Naciones, preparando una nueva capitulación de los partidos obreros en el momento en que la burguesía francesa o sus rivales encuentren útil trastornar el statu quo (Ibíd.: 82).

En junio de 1936 es elegido nuevamente presidente de la Cámara de Diputados, y para mayo de 1940, los nazis invaden Francia. Al principio se mostrará muy titubeante ante los acontecimientos y oscilará entre izquierda y derecha de cara al golpe de muerte que se le daba a la Tercera República bajo la instalación del régimen de Vichy del mariscal Henri-Philippe Pétain. En un primer momento se mostró como un Anti-Münich, partidario de ejercer mano dura contra Hitler y apoyando el colaboracionismo con el fin de hacer lo posible por defender las prerrogativas del Parlamento, no obstante, desaprueba el antisemitismo y devuelve la condecoración de la Legión de Honor.

            El 10 de julio de 1940 Herriot se abstiene de votar en Vichy para que la Asamblea Nacional otorgue plenos poderes a Pétain. En agosto de 1942 Pétain disuelve las oficinas permanentes de la Cámara y del Senado; entonces, cuando el legalismo y la lógica parlamentaria han perdido su razón de ser, Herriot opta por el anticolaboracionismo y se une a Jules Jeanneney, presidente del Senado, para denunciar conjuntamente la disolución del Parlamento e impugna porque Charles de Gaulle se convierta en el nuevo Premier. Tal actitud le lleva a ser privado de su ayuntamiento de Lyon y estar bajo arresto domiciliario. En los últimos días de Vichy, fue lo suficientemente imprudente para negociar con Français-Pierre-Laval una posible adhesión a la Asamblea Nacional; pero gracias a su reputación fue entregado a los alemanes para ser internado en el campo de concentración de Potsdam, donde permanecerá hasta el 22 de abril de 1945 al ser liberado por el Ejército Rojo.

A su regreso a Francia, será uno de los testigos del juicio al que es sometido Pétain. Se enemista con De Gaulle por negarse a unirse al gobierno provisional y promover una campaña para la restauración de la Tercera República, con lo cual cree refrendar su compromiso con los valores políticos de su juventud. Pero sus esfuerzos en este sentido serán totalmente infructuosos; más del 90% del electorado rechaza una vuelta al pasado. Sin embargo, el surgimiento de un régimen parlamentario muy similar en la práctica, si no en principio, a la Tercera República, le permitió reanudar sus funciones al ser reelegido alcalde de Lyon y reasumir la jefatura del Partido Radical-Socialista. En 1946 es elegido diputado de la Asamblea constituyente que creó la Cuarta República francesa; de 1947 a 1954 ejerció como presidente de la Asamblea Nacional —puesto que conservó hasta su jubilación en enero de 1954—, y desde ahí trató de apuntalar la inestable autoridad de los gobiernos de coalición de la Cuarta República.

El 5 de diciembre de 1946 es elegido miembro de la Académie Française, por 24 votos ocupa la silla de Octave Aubry, que había muerto prematuramente antes de leer su discurso de recepción. Jérôme Tharaud recibirá a Herriot en la institución el 26 de junio de 1947. Es importante mencionar que la elección del líder político fue la última antes de que llegara la década de 1950, de una academia en gran medida renovada de treinta y ocho miembros (los asientos de Maurras y de Pétain estaban reservados).

En 1948 es invitado a participar en el Consejo de Europa; en 1951 dimite a la alcaldía, para volver a asumirla a las pocas semanas cuando los radical-socialistas se pronunciaron contra la coalición con los degaullistas. De 1952 a 1954 intervino en los debates políticos nacionales en los que rechazó la participación francesa en la formación de una Comunidad Europea de Defensa porque temía que eso diera oportunidad a que Alemania Occidental se rearmara. Así mismo, apoyó el programa reformista de Mendès. En 1954 decide retirarse de la vida política.

Herriot muere el 26 de marzo de 1957 en Saint-Genis-Laval (Ródano). Fue uno de los políticos franceses de más elevada cultura, demostrada por su pasión hacia la música y por los numerosos libros que escribió. A lo largo de su vida se aferró a los ideales liberales de cooperación internacional. Sus dones intelectuales y su honestidad inspiraban tal respeto y afecto, que François Mauriac traza en su bloc de notas el siguiente retrato: “En vérité, Édouard Herriot était un gros homme charmant. Son charme naissait de ce contraste entre la culture, tous les dons d’une intelligence royale et la ruse, disons la finesse, politicienne”[6].

En 1985 el historiador Serge Berstein publica Edouard Herriot ou la République en personne (E.H. o la República en persona), un libro revelador por la exploración que hace el autor en la psicología y en la vida privada del destacado alcalde de Lyon, como es el caso de las numerosas aventuras amorosas que se le atribuyen en Saona y Ródano, así como su supuesto retorno a la fe católica en la víspera de su muerte, cuando siempre fue conocido como un tajante anticlerical. Igualmente es un texto de gran envergadura para identificar y comprender los períodos de altas y bajas experimentados entre el líder radical y la mayoría de los franceses (Pinol, 1988: 1149).

Durante toda su vida, Édouard Herriot formó parte de la historia parlamentaria de la República y de su encarnación partidista, el radicalismo. Su educación fue firmemente cimentada dentro de los valores establecidos a finales del siglo XIX, en medio de las grandes batallas de la República, adquiriendo con el paso del tiempo la cultura política que le servirá de faro durante toda su carrera: alcalde de Lyon desde 1905 y al propio tiempo se desempeñó como senador, diputado, ministro, presidente del Consejo de Ministros, presidente de la Cámara de Diputados y de la Asamblea Nacional después de 1936. Esto no debe de extrañar, ya que en Francia es común que sus políticos desempeñen funciones de nivel nacional y sean alcaldes a la vez.

Con bastantes puestos a su cargo, Herriot se vio muchas ocasiones atrapado en las diferentes relaciones de poder, inclusive, sus adversarios-aliados socialistas llegarían muchas veces a trastocar los intereses locales y nacionales, interfiriendo inclusive con su alcaldía: los dirigentes de la SFIO utilizarían por un buen tiempo a la Federación Socialista del Ródano y a la Liga de Derechos Humanos de Lyon para socavar la autoridad de Herriot.

Sin embargo, a pesar de jugar siempre este papel protagónico en la esfera de la política, Herriot no olvidó su primera vocación, la de brillante académico, literato y conferencista. Le debemos más de treinta volúmenes que contienen, aparte de las obras arriba mencionadas, las siguientes: Impressions d’Amérique (Impresiones de América, 1923), Lyon pendant la guerre (Lyon durante la guerra, 1925), Dans la forêt normande (En el bosque normando, 1925), La vie de Beethoven (La vida de Beethoven, 1929), Europe (Europa, 1930), Sous l’olivier (Bajo el olivo, 1932), La Porte Oceane (La puerta océano, 1932), Aux sources de la liberté (Las fuentes de la libertad, 1939), Lyon n’est pas plus (Lyon no es más, 1940), Études françaises (Estudios franceses, 1950). También es importante su libro de memorias Jadïs (Hace mucho tiempo, 1948-1950).

Estudiar hoy con mirada profunda la carrera de uno de sus hombres clave, ayuda a comprender la vida política francesa, y tal vez arrojar alguna luz sobre por qué el pueblo francés ha decidido poner en la presidencia, en estos momentos, a un liberal-centrista como Emmanuel Macron. Claro está, bajo las debidas reservas del contexto actual.

 

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Bibliografía

 

BERSTEIN, Serge (1985): Édouard Herriot ou la République en personne. París: Presses de la Fondation Nationale de Sciences Politiques.

CONQUEST, Robert (2000). Reflections on a Ravaged Century. New York: Norton.

JEANNENEY, Jean-Noël (1977): Leçon d’histoire pour une gauche au pouvoir: la faillite du Cartel, 1924-1926. París: Éditions du Seuil.

MONTAGUT, Eduardo (2017): “Édouard Herriot en el radical-socialismo”, en Nueva Tribuna (Madrid), 27 de Marzo. Recuperado el 13 de Abril de 2017, desde: http://www.nuevatribuna.es/articulo/historia/edouard-herriot-radicalsocialismo/20170327093845138076.html

PINOL, Jean-Luc (1988): “Serge Berstein, Edouard Herriot ou la République en personne”. Annales. Économies, Sociétés, Civilisations (París, Francia), Vol. XLIII, No. 5, pp. 1149-1150.

ROWE, David E. y Robert J. Schulmann (2007): Einstein on Politics: His Private Thoughts and Public Stands on Nationalism, Zionism, War, Peace, and the Bomb. EEUU: Princeton University Press.

THEVENIN, Etienne (2005): “France, Germany and Austria: Facing the famine of 1932-1933 in Ukraine”, en James Mace Memorial Panel, IAUS Congress, Donetsk, Ucrania, 29 de Junio.

TROTSKY, León (2006): ¿Adónde va Francia? Madrid: Fundación Federico Engels.

____ (1935): “Edouard Herriot. Politician of the Golden Mean”, en Fourth International (Nueva York), Vol.2, No.10, Diciembre, pp.301-306.

WERTH, Nicolas, Karel Bartošek, Jean-Louis Panné, Jean-Louis Margolin, Andrzej Paczkowski, Stéphane Courtois (1999): The Black Book of Communism: Crimes, Terror, Repression. EEUU: Harvard University Press.

[1] El título de Premier es abreviación de Premier Minister: Primer Ministro.

[2] “Nace en 1872, aproximadamente en la misma época de la Tercera República, y muere en 1957, un año antes del colapso de la Cuarta”.

[3] Agregación en el sistema educativo francés es una forma de acceso a la condición de profesor de la enseñanza pública del Estado (la República francesa) por oposición.

[4] La locución latina “De iure” significa literalmente “de derecho”, por lo que se utiliza para designar lo que está reconocido por una ley.

[5] Holodomor es el término con el que algunos estudiosos denominan la hambruna en el territorio de la República Socialista Soviética de Ucrania, en el contexto del proceso de colectivización emprendida por la URSS. Unos dicen que fue deliberada, otros afirman que no existió.

[6] “En verdad, Edouard Herriot era un gran hombre encantador. Su encanto nacía de ese contraste entre cultura, todos los dones de una regia inteligencia y el ingenio, podría decirse, de la sutileza política” (Traducción nuestra).

 

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