Don Antonio Analco Tiempero del volcán Popocatépetl

Por: Leo Herrera

Desde hace más de cincuenta años don Antonio Analco cumple la función de Tiempero. Vive en Santiago Xalitzintla, pequeña comunidad en las faldas del volcán Popocatépetl; a donde sube varias veces al año a pedir agua, dar gracias por la lluvia y la cosecha y a festejar el cumpleaños de Don Goyo. Lo mismo hace en el Iztacihuatl, en donde visita a Rosita. Es agricultor desde la infancia, inicio cuidando vacas que pastaban en la montaña. Actualmente realiza la labor que, en algún tiempo, realizó su padre y antepasados, es el heredero de un trabajo que honra y respeta a la naturaleza como fuente de vida.

Una de las subidas la realiza el dos de mayo, cuando sube a las faldas del volcán a ofrecer una ofrenda compuesta por flores, comida, frutas y bebidas para agradecer y pedir buenas lluvias para esta temporada de siembra. Don Antonio posee el don de comunicarse con Don Goyo (Popocatepétl) y con Doña Rosita (Iztacihuatl) quienes le informan sobre las condiciones del clima. Es un hombre sabio, forjado en el campo, entre milpas y vacas, espacio que le otorgó el conocimiento y el pensamiento ético que rige su vida. Hombre discreto que comparte el conocimiento a los demás. Sin embargo, se reserva muchas respuestas que corresponden a su relación personal con Don Goyo.

El punto de encuentro para el acenso es en el domicilio particular de Don Antonio. Después de viajar en una camioneta de redilas por estrechos caminos, entre el olor del pino y un colorido amanecer se develan bellos paisajes que lo acompañan. Don Antonio camina con paso seguro, a ritmo difícil de seguir, viste pantalón, chamarra y sombrero, guía un pequeño grupo de amigos y familiares, en todo momento se encuentra pendiente de cada persona que lo acompaña. Después de una caminata entre árboles, pasto, lodo y hielo del sereno se llega a un paraje en el bosque,  –la meta era llegar al ombligo del volcán, pero en esta ocasión no fue posible, Don Antonio piensa mucho en la seguridad de sus acompañantes-, se limpió un lugarcito, se colocó un mantel, sobre el cual colocaron veladoras, fruta, comida, café, pulque, coloridos pétalos de flores e incienso. En silencio Don Antonio realizó su ritual personal y se continuó con canticos y la despedida. Finalmente se realizó una alegre danza –al ritmo de la armónica de Don Antonio- y tuvo lugar una convivencia en la que se compartieron alimentos y felicidad. El grupo camina de regreso, cansados, pero con una vitalidad renovada, en Don Antonio y, su esposa, Doña Inés, se nota alegría, su jovialidad y energía contrastan con el paso del tiempo, su fortaleza supera la de muchos jóvenes.

Don Antonio Analco fue llamado por Don Gregorio a corta edad, desde entonces ejerce su sabía labor, conocer el tiempo, hablar con el volcán y ser un hombre con una vida recta. Aprendió de la naturaleza y de los sueños y charlas con Don Goyo. Respetuoso de la naturaleza y la humanidad exige se detenga la destrucción del bosque y la tala clandestina que, sin necesidad alguna, solamente es producto de la avaricia de unos cuantos, sabe, que a todos nos afectara la falta de árboles y agua.

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