Tecnología, vorágine y nostalgia

Por: Leonardo Herrera

Quienes pertenecemos a la Generación X vimos el ocaso de la máquina de escribir y el auge de la computadora personal, jugamos a la pelota, a la casita, la bici, a los coches, muñecas, con lodo, lluvia y sol. Nos raspamos, fracturamos, asoleamos y enfermamos. Conocimos los remedios caseros y los dulces típicos en la calle. La vorágine de la actualidad nos llevó a aprender nuevas cosas, símbolos y lenguajes: clic, windows, mouse, web, internet y MS2, entre otros. Pasamos de la máquina de escribir a la PC, de los rollos de tinta a los cartuchos de impresoras, de los libros impresos al Kindle, escuchamos el acetato y casetes, y nos reconocimos en el mp3. Fuimos al cine, rentamos VHS o Beta y compramos piratería en CD y DVD. Conocimos los televisores blanco y negro, y nos admiramos con el control remoto, que nos hizo perezosos. Ahora vemos Netflix, después de conocer la televisión satelital; vivimos la espera de una carta por correo y la inmediatez del email, revelamos el rollo fotográfico y almacenamos imágenes digitales.

Este acto se repitió en cada aspecto de nuestra vida. Conocimos la fogata y el microondas, “el chismógrafo” y el Facebook, termómetros de mercurio y eléctricos. Conocimos el camión de la ruta “Aviación – Panteón” y el taxi Uber. Usamos relojes de cuerda y de pila. Conocimos el walkman y el Ipod. Fuimos afortunados de vivir estos cambios y su impacto en la sociedad en la cotidianidad. Muchas cosas se mantienen y otras han desparecido, como las ideas y la percepción de la existencia. La tecnología se grabó genéticamente.

La Generación Millennial surge en medio de este fluir tecnológico. Viven su propia forma de conectarse con el mundo, de interactuar; muy criticados y poco comprendidos, como cada generación de adolescentes y jóvenes se incorporan a la vida aportando frescura a nuestro recalcitrante sentido social.

Todo fue tocado y trastocado en nuestra contemporaneidad por la tecnología, la literatura, las artes gráficas, las ciencias sociales, las naturales, las ciencias exactas, todo aquello creado (o destruido) por la mano del ser humano ha cambiado de forma rápida y, para algunos, desconcertante. El cambio implica nostalgia por el ayer y desesperación por el mañana.

En este hacer, vivir, pensar y soñar observamos un mundo cambiado y nos reconocemos o negamos a él. ¿Cuántas ideas podemos transmitir a partir del código genético tecnológico? ¿Cómo la vivimos y observamos? ¿Qué y cómo podemos crear a partir de ella? ¿Qué sentimos, vivimos, soñamos o alucinamos en torno a la modernidad?

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