De Héroes y Antihéroes

Por: Hugo César Moreno Hernández

El héroe es valiente y desapegado de sí, es decir, es el suicida altruista, el que arriesga hasta ofrendar su vida por otros. En la sociedad contemporánea, donde la propiedad de uno mismo es lo único que muchos alcanzan a tener, el que una persona sea capaz de arriesgar la vida le impone un valor romántico, en el doble sentido del romanticismo, tanto en el amoroso como en el irracional. El héroe es para los demás, lo deja todo. Por eso, Mohamed Ali no es un héroe, no dejó nada para irse a Vietnam, mientras que Patrick Daniel Tillman, tras los atentados en New York, se enlistó y murió en Afganistán (bajo fuego amigo), dejando su carrera en la NFL, un contrato de 3.6 millones de dólares con los Cardenales de Arizona. Un típico héroe americano. Más allá de la ideología del jugador, pues se ha escrito que no estaba de acuerdo con una guerra “Ilegal”, como él mismo la llamó, y era amigo de Chomsky, el modelo del héroe está en Tillman: El Capitán América, tan patriota como para dejarse intervenir el cuerpo y dárselo a su patria: es decir, quedarse sin el propio cuerpo.

Foto: Flickr.com/Eder Lopez

                El patriota es el héroe por antonomasia de la modernidad. También el ideólogo tipo Che Guevara. Van más allá de sus necesidades e intereses y son obstinados, fuertes, peleoneros. Tienen como armadura psíquica una superioridad moral que los ampara cuando sus tropelías son propias de villanía. Se funden en el blanco y olvidan los claroscuros. Su imagen está así plasmada en los imaginarios. Los héroes son producciones identitarias que, a su vez, producen identidad. Necesarios como ejemplo y custodios del status quo.

Imagen: Flickr.com/ Gustavo Avilés

                Pero está la parte maldita del héroe contemporáneo. Si mantenerse de pie es heroico, no es extraño que se glorifiquen figuras terribles con historias de progreso y éxito, aquellos que se levantaron de la miseria para convertirse en señores feudales del capitalismo salvaje: Escobar, el Chapo, los Arellano Félix. Estos, a diferencia de los traidores (como policías y militares) se hicieron a sí mismos con lo que ofrecía el medio ambiente socioeconómico. Lo lograron según indica la ideología capitalista-neoliberal. Son fascinantes por eso, porque son valientes, fuertes, obstinados y terribles. A estos se les funde en negro, pero los grises resquebrajan todo el andamiaje que los convierte en malvados.

Foto: Flickr.com/ Peter Lowe

                Porque la bondad y la maldad son asuntos de perspectiva y nunca están separadas. No hay pureza. La televisión y el cómic de las últimas décadas han mostrado este continuo en la figura del antihéroe (como lo hicieron los pulps y la novela negra en su momento), pienso en dos personajes: Walter White de Breaking Bad, cuya traducción podría ser “deviniendo al mal” o “resquebrajándose hacia el mal”. En sí, el título de la serie es cautivador y da en el clavo con la hechura del personaje, pues no se trata de una transformación, sino de un descubrimiento. Cuando Arendt habla de la banalidad del mal, nos está colocando en ese continuo, en ese devenir que no se sintetiza dialécticamente, sino en diversas bifurcaciones que conviven. La idea es que “cualquiera” puede realizar las acciones más atroces. “Cualquiera”. No es necesaria una malformación genética o un malestar psíquico o vivir en la miseria más abyecta o tener el gen del mal. “Cualquiera”. El otro caso viene de los cómics: Frank Castle, The Punisher, el castigador. Tras la muerte de su familia a manos de gatilleros de la mafia, Castle declara la guerra al crimen y es implacable, se convierte en un asesino brutal. Pero aquí tampoco hay transformación, pues se trata de un soldado bien instruido para matar. Hay, sí, un hecho terrible y un enorme descredito a las instituciones. Castle y White son antihéroes, no villanos, en la medida que tienen elementos heroicos en su manera de comprender la realidad, pero actúan al margen de la ley y lastiman sin misericordia a otros. No juraron proteger, sino beneficiarse con sus acciones. Viene a mi memoria la película Assault on Wall Street, donde un ex militar pierde todo, esposa incluida, debido a la caída de la bolsa de valores en 2008. Incluso, ante el estropicio, queda con una deuda impagable. Adiós casa, la esposa muere porque el seguro no cubre la enfermedad que padecía y él, como buen soldado, se pone a matar corredores de bolsa en Wall Street. Lo ha perdido todo, entonces puede darse todo. Un verdadero héroe americano.

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