Villanos somos todos

Por: José Luis Dávila

De toda la vida he tenido afinidad por las historias en las que el villano triunfa. No el mal, el villano; porque son cosas distintas, el mal no está siempre en el malo, eso es algo que nuestra sociedad segregante ha impuesto.

            Así pues, admitamos esto: los héroes, sí, son interesantes y todo, pero tan monocromáticos que nadie realmente podría considerarlos humanos, ni siquiera a los que más se esfuerzan en tener problemas cotidianos, porque al final, pese a todos los obstáculos, salvan el día. Los villanos –los malos, los antagonistas–, por el contrario, lidian con pesos que sus contrapartes no podrían aguantar. Ser derrotados una y otra vez, me pregunto, ¿no los conducirá a la depresión? ¿Al borde del suicidio? Me imagino a Hannibal teniendo que abrir consulta para recibir a tantos. Algunos con hipervigilancia, atemorizados incluso de salir a la tienda por si acaso alguien creyera que asaltarán y entonces, otra vez, tratar de explicar que también necesitan comprar comida; otros bastante peor, con problemas para dormir porque cada que cierran los ojos están en medio de la derrota, amenazados por esos puños, esos rostros, esas sonrisas tan brillantes.

            Y me dirán que poco a poco se ha generado esta visión del malo como protagonista, como fuente del bien. Pues eso me resulta basura. En esos casos, digamos que, sólo porque generalizar es algo que nunca se debería hacer, quizá no en todos pero sí en la mayoría, se presenta al villano bueno como una víctima que sólo necesita un empujón para ser hacer el bien. Eso es mucho más blandengue que ser un héroe de primera intención.

            Más bien hablo de esos escasos villanos que disfrutan de ser malos, que se esmeran en hacer de sus planes obras de arte, pero que de una u otra manera todo se les va al carajo. Pobres. Son unos santos y se merecen el cielo como recompensa a su noble labor, malos que su patrono festivo, icono, ídolo, figura a seguir, debiera ser Kevin Spacey. Malos que se toman en serio a sí mismos pero que la desgracia los persigue. Esos son los personajes más interesantes, sus motivaciones tienen tantas precisiones y aristas que uno siente afecto por ellos de inmediato; se sienten reales, algo que nunca lograrán los héroes porque los de a pie nunca seremos héroes, sólo podemos aspirar a ser humanos.

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