Un día después

Por: Enrique Taboada

19 de septiembre del 2017, 13:15 horas, la tierra da una fuerte sacudida, trabajo en una escuela, lo único que me importa es sacar a la mayoría de niños, me quedo con un grupo de alrededor de 5 de primer año, los abrazo un pequeño me agarra tan fuerte que sus pequeñas uñas se clavan en mi mano, sigue temblando, parece una eternidad, un movimiento perpetuo, veo la casa escuela moverse, padres llegando rápido, un poco de histeria colectiva, no se absolutamente nada del mundo, las primeras noticias dicen que el epicentro fue en Puebla, lo difícil siempre será el recuento de los daños.

Líneas caídas, pero ante todo muy buena comunicación, la iglesia de San José tiene daños. Me regreso a Puebla a ver los míos, todo está bien. Llego a la casa de mi novia donde nos vamos a buscar algo para comer, hay pocos lugares, el súper mercado vacío, es la primera vez que veo más personal que gente comprando, Andréa y yo compramos lo básico, llegamos a casa, escuchamos el constante clamor de las ambulancias ir y venir, no sabíamos la cantidad exacta de muertes, ni que parámetros tenían la tragedia, no daban ganas de ver nada, solo noticias, me despido temprano de ella y me marcho a ver la familia.

Al llegar, la casa esta sin luz, salimos a hacer el reporte correspondiente, una decena de jóvenes sin la menor cara de ayuda, ingresan a las penumbras, preferimos no entrar hasta que salgan, tememos por nuestras cosas, esto no debería pasar, salen, madre da alojamiento a su amiga que vive sola.

Foto: Leo Herrera

Mi batería se acaba, sin luz no nos queda otra opción que volver a casa, en una mesa tomo café, al lado de una vela, sabemos que no va a volver la luz, sabemos que hay muchas contingencias, yo no se la magnitud del problema, me preocupan todos, mi familia que esta en la ciudad, tíos y primos que eligieron ese valle, trato de no pensar en ello, trato de pensar que el daño fue menor comparado con lo que se vivió en otras entidades como Modelos o mas al sur de Puebla, me entra una angustia por saberlo todo, pero tengo impotencia por no poder conseguir nada, será una noche larga, el silencio reina en la casa, sueño que vuelve a temblar, despierto de nuevo para no volver a dormir.

20 de septiembre, la luz llega casi al otro día,  cargo mi celular, veo noticias sobre rescates, veo la palabra solidaridad y su verdadero significado, me baño, desayuno, preparo la cámara, me marcho al centro, al llegar veo una casa destruida por el temblor, de esas que yacen abandonadas,  hago mi primer recorrido, es impresionante el daño realizado a las casonas, veo motociclista, ciclistas, scouts, civiles ayudando, las casas casi derrumbadas, grietas que dan miedo, Puebla ciudad parece apunto de colapsar, llegó al centro, las personas traen algo para donar, ayudan.

Camino hacía el Carmen, en la calle 16 de septiembre, veo un pequeño altar con monedas, una mancha de sangre estaba en el cemento, una cruz con rocas un papel con la leyenda » Descanse en paz, dios las recibe en su gloria»  estoy consternado, aún siento el temblor en mis pies, pero sé que es más que una sensación que surge de mi mente. Me regreso a casa, creo que es mejor, pero se que nos levantaremos, se que somos una sociedad que nos unimos ante las peores crisis, creo en esta gente, mi gente, que hace lo posible desde donde sea.

 

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