Olor a esencia de copal

Por: Rosalinda Peréz Meléndez

Se cierran los ojos, pero ese mínimo acto significa el momento de abrir los sentidos que pensamos inimaginables, sentir los alcances ilimitados, sentidos que sólo el humo del copal, y el sonido del huehuetl nos hacen sentir.

Foto: Rosalinda Peréz

¿Quién no ha escuchado o visto en algún punto de nuestra República mexicana los rituales aztecas con sus danzas, muy criticados por cierto tanto en pro como en contra, de nuestros concheros o danzantes aztecas? ¿Nos hemos preguntado o quizás por una milésima de tiempo en nuestros pensamientos ha pasado el interés de preguntarnos que es aquello que los impulsa? O ¿qué representan? ¿Que buscan? ¿Viven de ello? O es por el puro gusto…

Nuestro objetivo en este pequeño escrito esta ocasión es, tomar solo un poco de lo que representa el “humito” del copalli en su aposento denominado sahumerio, uno de los tantos “trabajitos” que a cada calpulli con sus danzantes se le otorga en cada ritual de danza azteca, esto para poder enlazarlo con el concepto que nos corresponde en esta ocasión: el perfume.

El copal es una resina tipo goma llamado también incienso,  elemento importante desde tiempos antiguos extraído de pinos, y dentro de la danza azteca y otros rituales mexicanos, representa el hilo conductor íntimo penetrable hacia el macrocosmos, es decir, la esencia que hace brotar el espíritu hacia el universo, es pedir permiso a los señores y señoras de la naturaleza, majestuosos y mágicos, y con ello poder llevar a cabo nuestro trabajo, indicar a los cuatro puntos cardinales nuestro estar ahí, con reverencia, con humildad y respeto. El copal tendrá la gracia de llevar y llegar hasta el universo incorporando toda esta cosmovisión con el corazón del danzante que con cada latido del huehuetl, junto con atecocolli, viento, respiración, Ehecatl, y la pérdida del sentido lógico, y sí con el sentido común, Se re-conectará una armonía donde todo cuerpo, todo sonido, todo dolor, toda alegría, todo olor se hará uno con la naturaleza, es justo ahí, precisamente ahí, donde nosotros (microcosmos) nos conectaremos con el espacio (macrocosmos) y solo existirá la unidad, es decir: Ometeotl (dualidad: la abstracción de la reunión del todo).

Foto: Rosalinda Peréz

En nuestros tiempos es difícil comprender lo anterior, nos sentimos supriores y separados de nuestra nana Tonantzin (tierra), pero gracias a estos rituales, que como ellos mismos mencionan sin ninguna pena: “…quizás nuestros rituales no son los mismos que el de los prehispánicos, de nuestros abuelos, pero no perdemos nunca de vista el seguir buscando la esencia del estar aquí, solo un rato en esta tierra sutilmente y humildemente, o por lo menos eso intentamos.” O como mejor lo diría en su tiempo Nezahualcóyotl:

Ye nelli cococ ye otimalihuico,                                  Ha venido a crecer la amargura,

In motloc monahuac, in Ipal nemohua.                   junto a ti y a tu lado, Dador de la vida.

Zan niquintemohua,                                                    Solamente yo busco,

Niquilnamiqui in tocnihuan.                                      Recuerdo a nuestros amigos.

¿Cuix oc ceppa huitze,                                                ¿Acaso vendrán una vez más,

In cuix oc nemiquihui?                                                 acaso volverán a vivir?

Zan cen ti ya polihuia,                                                  Sólo una vez perecemos,

Zan cen ye nican in tlalticpac.                                     Solo una vez aquí en la tierra.

¡Maca cocoya inyollo!,                                                 ¡Que no sufran sus corazones!,

Itloc inahuac in Ipal nemohua.                                   junto y al lado del Dador de la vida.[1]

…es por eso y para terminar mencionamos: el humo del “copalito”, nuestro perfume sagrado, es la medicina de los sentidos que nos eleva y nos trasciende al infinito de nuestro fugaz microcosmos.

Tlazokamati  Ometeotl.

Referencias

Nezahualcóyotl, Canto de la huida. En Trece poetas del mundo azteca. Miguel León Portilla; UNAM, México, 1978.

Siméon, Rémi. Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana. Siglo XXI, México, 1999.

Fotos:

Rosalinda. Velación y danza en San Matías Tlalancaleca, feb. 2010 y Velación y danza en Cantona 2012

[1] Nezahualcóyotl, Canto de la huida. En Trece poetas del mundo azteca. Miguel León Portilla; UNAM, México, 1978. Pág. 61.

 

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