Éxodo y Tierra Vacía

Por: América Alejandra Femat Viveros

 

ÉXODO

Vamos a hablar de ti, ausencia,

porque no hay otra razón más para no hacerlo,

siempre es la misma constante, con la misma

noche, esas esferas de luz incandescente.

 

-Lo mismo,

la misma siempre-.

 

Voy a hablar de ti,

voz  amanecida

de silencio,

vencida de razones,

sobrada en cada rastro

de lejanía.

 

 

En cada paso de tu sonoridad

hay un viento arrinconado

una rupestre imagen no revelada,

un vestido empolvado que ya no viste.

 

 

Sabes que busco un magnetismo,

-repulsivo-

que devuelva y borre la nube de tu imagen.

 

Ya sé que todo suena a un binomio negativo.

Pero en mis adentros y en los tuyos

pálido reflejo, despostillado, existes.

 

Tú, sin más sinónimos.

Para no volvernos jamás

voy a hablar de ti,

voy y no vuelvo.

 

TIERRA VACÍA

 

I

Hay veces que la tierra se encuentra vacía

y su espada de barro no fecunda los rostros

de espigados mirasoles.

 

La tierra de mi espíritu ha olvidado

hace mucho mi nombre de galaxia.

 

Triste sin tiempo y sin época

dando pasos en lo caminado:

fantasma erradicado hasta de sí mismo,

fumarolas de un espejo de carne.

 

Me pregunto,

si tú también estás conmigo o solo

o te encuentras solo conmigo.

-pregunto-,

sí, mil veces sí.

 

II

Tropiezo sobre tu luna de agua

y las palabras, fuente, brotan de mi garganta,

serpenteo en la mente,

un viaje desde su origen

para terminar con la misma oración

 

-siempre-.

 

III

Caduca ensoñación para el que sueña.

Primitivo tiempo

letra “O” en suspenso

ouróboros, al huir de ti, te encuentro.

 

IV

Desde mi cabeza a tus pies

una historia no termina de escribirse.

Peces danzantes sobre la tierra,

marea de aturdimiento,

brisa de fertilidad a cada paso,

levitación, templanza,

tus pies te explican,

me conocen.

 

V

El polvo se levanta, absorbiéndome,

sepultándome, dejándome al borde de la nada.

 

La piel cae de mi carne

igual que la sierpe del mito.

Estoy olvidada,

de donde el sol se levanta

porque soy roca aislada,

pesada de melancolía.

 

VI

Sembré en mi mente

pero sus raíces se pudrieron

hoy la tierra no fecunda

carga un rebozo negro

y muestra máscara sobre máscaras:

artificio del desposeído,

y te pregunto

¿Dónde está tu mundo si no eres de aquí?

¿De dónde te desnudas si eres coraza de alma?

Muda respuesta,

eco sin sonido.

 

VII

Qué tierna timidez cayó sobre el verdugo

que no deja de caer el último golpe

lleno de intenciones pero siempre al borde

apuntando inmóvil sobre la llaga.

 

VIII

¿Quién te crees tú?

sobre todo, tú,

que has habitado mi vacío.

 

IX

Una vez un crisol rojo cobrizo

me cegó con su luz de fuego

y nuevamente me quedé sin luz en los ojos,

desde entonces, tres ciclos de luna

en un desierto conmigo misma.

 

Ya no llueve agua en mis poros,

mi tierra se ha secado,

 

¿Pero yo?

 

Foto: Leo Herrera

 

 

 

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