SOLEDADES

Por: Fabiola Morales Gasca

Es tan absurdo que existan fechas como la de Navidad y el año nuevo ¿A quién caramba le importan las falsas reuniones? Hace ocho días, estaba ahí, a las once y media para ser precisos, rodeado de sobrinos llorones, niños que piden dulces como desesperados y adolescentes que dicen hasta el cansancio tío, tío, cuándo vamos a acampar. ¡El límite de lo absurdo! Creen que ser nuevamente divorciado a los 31 años es cosa de mofa para toda la familia y privilegiado derecho para dejarte a los sobrinos adolescentes. Si mis hermanos supieran cuán fastidiosos son sus consejos sobre cómo conservar el matrimonio después de los siete años, tal vez no me dirían ni una sola palabra. Cómo decirles que mi aparente inestabilidad sentimental es porque no sea yo capaz de dar o de recibir, es sólo por una elección de vida. En fin, si voy a esas absurdas reuniones familiares es por la insistencia de mi santa madre; la pobre, a sus 78 años, lo único que aspira como modelo de madre abnegada de este país machista, es ver a sus hijos juntos y felices aunque por atrás todos seamos Bruto apuñalando por la espalda.

Foto: Flickr.com/ Lumoqui

Es raro para mí materializar la palabra familia como algo sagrado: soy la oveja negra de esta disfuncional familia. Claro, no soy un monstruo, tengo sentimientos, aunque la etiqueta de hombre divorciado me siga a todas partes. La señal en la frente como un Caín más echado a la Tierra me sigue, por más que la oculto. Me siento como prófugo de la cárcel, veterano de guerra sin medallas ni gloria, un abismo jamás lleno. Pero en historias de psicoanálisis moderno sobre insatisfacción personal no quiero entrar a detalles, no debo entrar en detalles, ya me lo dijo mi psicóloga, debo relajarme y dejar que ella sea la que lleve la batuta en mi tratamiento, ¿tratamiento para qué?, me pregunto siempre que estoy en su sala de espera. Prometí jugar a que me curan. Así que por eso hoy, día último del año, doy fin a mi soledad preñada de amargura y decido salir. La calle está en movimiento eterno, en ese vaivén de emoción que dan las últimas horas del año y la conmoción del nuevo. ¿Dónde pasar los últimos segundos de un año que definitivamente no ha sido bueno? ¿Dónde vaciar mis horas vacías?

Camino  hasta agotarme, las calles se empiezan a vaciar, el sonido de familias felices reunidas en departamentos estrechos se desparrama en los últimos minutos de un año absurdo. En una calle oscura que desemboca al ya quieto boulevard veo una silueta de mujer, el abrigo largo apenas si me permite ver lo largo de sus piernas; el cabello es largo, parece que carga un paquete entre las manos. Quizá ésta sea una mujer de casa, apurada a llevar las cosas de última hora para la cena. A lo lejos, en el recorte de su silueta, fantaseo que es una mujer bella. En fin, me desvío hacia una calle más transitada, el frío está aflorando y me cala hasta los huesos, las manos se congelan. Jugaría a ser un vagabundo experimental, pero definitivo hoy no, no es el día, tal vez en el verano sea hasta pordiosero de un parque cercano.

Foto: Flickr.com/ fontbullrich

Me meto al primer bar que encuentro abierto. Estoy asombrado, no imaginé un bar abierto en estas fechas; al parecer no soy el único hombre solo en este lugar, allá, en una esquina está una pareja, dos solitarios desparramados entre las mesas me ven entrar, la pareja ni voltea. Voy a la barra, el cantinero me ve, le pido un coñac, y mientras busca en qué servirme, lanzo un vistazo al fondo de la barra, ¡sorpresa!, ahí está la sombra de la mujer de largas piernas o más bien la mujer de piernas largas pegada a una sombra bella. No, en definitiva no me equivoqué, es una mujer joven y bella. Me ve. Extrañamente estamos aquí solos, en un mundo tan distinto que no corresponde a un fin de año ideal. ¿Por qué una mujer joven y bella está sola? Le interrogo con la mirada. ¿Por qué estás solo?, me responde con sus ojos.  7, 6, 5, 4, 3, 2, 1 ¡Feliz año nuevo! Mi mala racha acaba, el año viejo se va. Se acerca a mí la mujer de la sombra bella y largas piernas. Estar soltero siempre es una decisión personal.

 

Foto de portada: Flickr.com/ Javi

 

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