EDUCACION TRANSFORMADORA

Por: Alma C. Cuevas

Frente a la realidad social del siglo XXI donde los problemas de pobreza, inseguridad, crimen organizado y un largo etcétera se presentan como lo más, nos urge volver la mirada a nuestro alrededor y hacer uso de las herramientas con las que contamos para trasformar nuestro entorno, dentro de éstas la educación ha sido destacada por diversos organismos internacionales, como necesaria para lograr el desarrollo de los países y la realización efectiva de los derechos humanos; pero hablamos de una educación que fomente y propicie el conocimiento, la práctica y el respeto de éstos, por lo que consideramos que la educación democrática constituye una herramienta indispensable para llevar a cabo tal propósito, toda vez que implica el reconocimiento de los derechos humanos como base de la misma y fomenta la participación social como una práctica democrática.

La educación democrática se convierte en el medio idóneo para el cumplimiento de tales propósitos, ya que nos brinda dos espacios de trasformación esenciales para logar la vigencia de los derechos fundamentales: partir del reconocimiento de la dignidad del otro – pilar fundamental de los derechos humanos- como base de las nuevas relaciones en el proceso de enseñanza aprendizaje, y la participación directa de los diversos actores educativos en el debate y la gestión educativa desde una concepción más amplia de la democracia.

Ambos aspectos nos brindan un amplio panorama de cambios y retos, ya que en efecto al colocar al ser humano en el centro de la actividad educativa y como fin y propósito de ésta la felicidad y realización de aquél, la educación deja de ser un medio de reproducción de intereses de determinados grupos en el poder y pasa a ser un espacio de liberación y trasformación del ser humano, desde su individualidad pero como parte de una comunidad.

Por otro lado, incorporar la participación de los diferentes actores educativos nos habla de otros aspectos a transformar en el ejercicio de una ciudadanía más amplia; uno de ellos es el fomentar el interés por dicha participación para el caso de los padres y madres de familia, considerando que en traspatio existe el posible desinterés a lo político como producto de la falta de credibilidad en las instituciones y en quienes la representan; por lo que, dicha participación implicaría un doble compromiso para la escuela y para la sociedad: el romper con las prácticas nocivas del sistema político y el generar nuevas prácticas democráticas desde los derechos humanos; contribuyamos entonces desde nuestro lugar dentro de la comunidad escolar a generar estos cambios.

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