CONDICIONES PARA QUE LA VIOLENCIA SE CONVIERTA EN CULTURA

Por: Javier Bermúdez Bermúdez

“Pensar alto, Sentir hondo, Hablar claro” (Antonio Machado)

Asomarse a la violencia, es ver nuestro mundo actual. También es tener memoria de los diferentes fenómenos históricos violentos, que han causado horror y tristeza a la humanidad. Sin embargo, parece que es cierto, el tiempo todo lo borra, y la violencia contra la humanidad queda asentada en un recuerdo lejano ¡eso no me paso a mí!; la mente individual borra la posibilidad de aquel holocausto o genocidios históricos puedan volver a repetirse, ¿Pero realmente no se pueden volver a repetir?

Esta situación, se nos presenta a diario; cuando observamos una noticia, la cual, en nuestro país, es vaticinio de muerte, violación, impunidad, corrupción, hambre y lujo el obrero que sale de su jornada de 8 hasta 24 horas, escucha y ve los actos violentos, pero si estos no le suceden a él como: el asalto, pleito callejero, robo en su hogar, secuestro de algún familiar. Estos hechos sociales que son cotidianos, sólo quedan en su psicología como nociones de inseguridad y de alarma, pero lejanos a su persona –que dios me libre–

Porque los medios de acondicionamiento de masas adormecen la consciencia social, no por casualidad, sino por causalidad. Por eso, la observación que hago, tiene su génesis en la objetividad, la verdad y la justicia, porque no parto de principios idealistas –no tiene sentido apoyar al enemigo, él ya tiene sus críticos, teóricos y acarreados– (porque no le puedes pedir a un león que deje de comer carne). Reconozco mi lugar en la historia, y la consciencia de clase, me permite utilizar abierta y concretamente el materialismo dialéctico e histórico, en el análisis y la transformación social.

Hablar de la violencia es partir de la necesidad, y no de la pasión; sea por gusto o por alarmarse. Porque “si llamáramos a la violencia cualquier acto que genere daño a otro ser humano y mencionáramos aumenta la violencia, esto nos dice muy poco” (Mora, F. 1981), y luego no nos permite actuar. Entonces es necesario indicar categóricamente la causa-efecto de la violencia, que nos permita adoptar actos, pensamientos y posibilidades reales para su entendimiento objetivo.

Pero ¿Qué es la violencia?, ¿Qué genera la violencia?, ¿La violencia es causa o efecto?, ¿Acaso existen condiciones para que exista la violencia?, ¿La violencia dejará de existir o se podría utilizar de otra manera?, ¿Existe violencia justa o justificable? La violencia es la que el sujeto aplica; es humana. Su acción está dirigida al atropello y el abuso de la fuerza. Tal acto es moral, llevando una intencionalidad primordial, el sometimiento del otro. Por ello, el violento no se contiene, no hay forma de librarse de él

La psicología ha permitido diferenciar entre violencia y agresividad, porque el segundo está en relación con un determinante fisiológico, y el primero con el determinante social-histórico. Así al agresivo se le puede guiar y sobrellevar. Sin embargo, la psicología en la parte de su estudio psico-social, aun esta postrada en pilares idealistas, poniendo a la idea primero, antes que al hecho material que la genera.

Algunos psicólogos sociales comentan: los estereotipos, los prejuicios o los malos pensamientos sobre el otro, son los que generan las conductas violentas, y para esto, solo sería reestructurar la idea o ideas de los sujetos para la disminución de la violencia. Empero, lo que ellos están visualizando es la violencia efecto, es decir, las conductas violentas son reflejo psicológico de circunstancias objetivas históricas; la explotación del hombre por el hombre, la división de clases y la propiedad privada; la violencia causa.

Ya lo mencionaba Marx “es el ser social el que determina la consciencia, no la consciencia la que determina el ser social”. Por ello, en un mundo donde predomina la división de clases y la enajenación del trabajo; donde al obrero, su trabajo no lo satisface, sino le es hostil (porque el producto que el produce le es ajeno) el comportamiento en su hogar de igual manera es hostil, tendiendo a descargar su hostilidad en su compañera de vida, y ésta a la vez con el hijo.

La violencia intrafamiliar que describo, parte de hechos reales; la sociedad capitalista en la que vivimos, y no de pulsiones de muerte o estereotipos de comportamiento, a los que reitero, son efecto de las condiciones sociales de vida y no causa de la violencia. También el derecho desde un método idealista (el derecho positivo). No se ha encargado de la violencia, es decir, no genera justicia y libertad. Por el contrario, ha servido y sigue sirviendo para legitimar el statu quo, porque se encarga del efecto y no de la causa, comenzando con principios formales, sistemáticos y de conexión lógica entre las ideas, es decir, teniendo a la lógica matemática como fundamento en su observación de lo justo y lo injusto, vaciando el contenido objetivo, y quedándose con la verdad formal.

Esto genera efectos en el trato de la violencia, a saber, en que en ciertos lados del mundo sea mayor penado el robo de ganado que la matanza de mujeres. Porque el principio fundamental es “el que la hace la paga”, es decir, no interesa por qué robaste -si tenías hambre-. Lo que interesa es el hecho, y cómo el catálogo de leyes lo sanciona. Así, el derecho positivo es causado por la ideología de clases, y a la única clase que favorece, es la burguesa. Entonces las ciencias particulares bajo un método idealista como el positivismo, sólo deforman el fenómeno de la violencia.

            Y en su aplicación pragmática, por ejemplo, caeríamos en dedicarle el día a la no violencia, donde la sociedad, haría rituales y ofrendas a las víctimas, y se legitimaría el odio al violento. Sin embargo, la violencia seguiría existiendo. También le daríamos premios a los que promueven la paz; como regalos y trofeos, pero después, sus movimientos sociales se apagarían como el huacal. Por último, se crearían pseudo-instrumentos para medir la violencia; como el violentometro, y se pegarían en los camiones, y se le regalaría a la gente que vive la violencia. Empero, seguiría existiendo la violencia y peor aún, se crearía la idea de atención o de naturalización de la violencia.

            Por otro lado, el Capitalismo de Estado y el Capitalismo Especulativo de manera objetiva comenta Edgardo Buscaglia generan un pacto político de la impunidad, donde cualquier empresa puede entrar a México y extraer ganancias o plusvalía de este país, donde la violencia no interesa atenderla (hasta que los empresarios o su estirpe sean brutalmente violentados, como en Colombia) pero como esto no sucede porque la policía y el ejército se convierte en su escolta personal, es decir, la clase elite de la sociedad no vive la violencia. Entonces no importa atenderla, y si la atienden es con conferencias, con pláticas, con invitaciones a la no violencia.

            Así, lo que describo hasta el momento es el catálogo de agravios, las condiciones objetivas que propicia la cultura de la violencia y su reproducción; aclarando, no critico al sistema social, reitero, es absurdo. La consciencia social es una necesidad y a ello me dirijo. Primeramente la educación, tan importante en un pueblo que quiere transformar su realidad social, y no sólo volver a lo mismo por su misma ignorancia.

           Educación basada en principios materiales, es decir, científicos. Los cuales proporcionan la luz ante la oscuridad que genera el sistema social. Esta educación tiene que ir acompañada de un método filosófico objetivo, la dialéctica materialista. La cual, junto con la consciencia de clase, permite atender y ver verazmente la realidad, a saber, el que vive la violencia es el pueblo: tú, yo, y todo el proletariado. Pretender atenderla con idealismos y pragmatismos frívolos, sólo es engañarnos.

La otra es la organización social, a saber, asumir la responsabilidad social de la violencia, dejar de exigir, de criticar, es decir, de delegar en el otro la responsabilidad de clase. Sin caer en pacifismos desaforados, sino observar la realidad objetivamente; cuando una mujer que es golpeada por su marido miles de veces, y un día ella le regresa el golpe, eso no es violencia, eso es resistencia. Así sucede con la sociedad, la clase oprimida –que somos la mayoría- en el momento que nos organizamos (sin caer en la mega marchita o en los linchamientos brutales, porque para esto el sistema ya tiene solución; ni los veo, ni los escucho, ni los siento) y generamos vanguardias revolucionarios, estamos poniendo resistencia ante la violencia social.

Y cuando la sociedad reconoce a su enemigo histórico, mediante la voluntad de poder va por un horizonte común. Donde la competitividad, la desigualdad, la propiedad privada y la explotación ya no son formas de relacionarse entre humanos, en este momento la violencia habrá desaparecido. Pero claro, observemos la circunstancia actual, y en este momento la violencia va cada vez en aumento y seguirá en aumento. Por ello, encontremos nuestro lugar en la historia y objetivamente tratemos la violencia.

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