El charco es el espejo de lo sucedido

Ángel Moisés Rojas

Madrugada de 2018

Alzo el vaso y bebo, en silencio puedo acercarme a lo que ayer probé, pausadamente me alejo del ruido de cerca, me instalo en un tiempo hecho de amigos e hipótesis del hoy, así fue cuando Esteban leyó:      Todo se disuelve en el torrente de los años, tan pesimista como aquel maestro alemán.       Sorbo. Mi ciudad es un tumulto de charcos, se puede observar en las calles las grietas de un mal trabajo de pavimentación, apenas unos cuantos baches son recubiertos, como cintas adhesivas en la piel, es verdad, tiene razón el maestro.      La vida es una mentira continua.       Los hielos chocan con mis labios, me hacen alzar los ojos, zafarme unos segundos y pedir rellenen el vaso, una más, otro vaso.       El licor es pertinente en estos momentos para recordar.      Bebíamos lo mismo aquella noche, Esteban relucía una chamarra de piel azul, como la que ahora busco sin querer.     Caminamos las calles entre aparadores, audífonos y walkman convidamos de la música a los transeúntes, voces espantosas llevaban nuestros pasos  animados por el alcohol encima.       La ciudad de cierta manera era otra, otros colores, otros sonidos de cláxones, otras velocidades.      Repasar el horizonte es virar, no ver de frente; al frente un árido sonar de claxon sin apenas ver que auto fue.     Así de rápido pasó, sin rumbo.      Esteban de cierta manera sabía que no llegaría a viejo, por ello dejó el apartamento, nunca sus cassettes, siempre sonreía cuando más tenso estaba, no buscaba respuestas, decía: Ver de frente siempre provoca la solución,        no le interesaba en absoluto reflexionar, para qué, era un hombre práctico, el dinero de sus padres podía sostener unos años más esa libertad.     ¿Algún charco de los que aún hay será el mismo en el que cayó?      ¿Algún bache ha superado el tiempo y se mantiene profundo?      Como el vaso  que sostengo.      La ciudad tiene otros hábitos, otros rumbos, otra cara.      Incluso la mía no es la misma de dos copas atrás, azar y error.       ¿Qué pensaría Esteban si bebiera  éste ron?      Si viera que la cantina que frecuentábamos no está más, que hay otra en el mismo sitio, con otros muchos que también  beben como él.            Ahora me acerco al ruido de alrededor,  festejan, salud por doquier, habrá un Esteban por ahí.       Viro, veo pasar una pareja que pisa el charco, sonríen, avanzan, sí, en la vida humana nada es tomado en serio.      El charco es el espejo de lo sucedido.

 

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