Estimado Gerardo:

Por: Enrique Taboada

Le escribo a usted  porque no conozco a alguien más que pueda comprender los sucesos que a continuación le voy a narrar en estas líneas, creo que tendrá el punto de partida y me dirá a ciencia exacta que es lo que está pasando en mi vida, tan devaluada por las historias que usted escribe y también lee.

Todo comenzó una semana antes del anunciado eclipse lunar en la cual habría penumbras y después una luna de sangre, Andrea llego a la casa, entre sus cosas traía un regalo, usted conoce mis gustos literarios así como también que me gustan coleccionar ediciones viejas de libros desconocidos, pues ella traía un obsequio para mí en su mochila envuelto en un periódico, extrajo un libro envuelto en papel periódico, el olor a libro viejo era algo que sin duda lo disfrutaba mucho, abrí con cuidado el envoltorio de noticias atrasadas, el título del libro «Drácula».

Empecé por releer  aquel libro que tenía a mi disposición, no sin antes darle un beso a mi amada que realmente me había sorprendido, la primer noche paso sin ningún hecho sobrenatural, solo un poco de viento y aire frío que se colaban  por mi habitación, a la mañana siguiente me sentí solo, un poco cansado, nada del otro mundo pero también me di cuenta que el libro que estaba leyendo de alguna extraña manera, comenzaba a rejuvenecer.

Conforme las horas iban pasando mis ojos solo pensaban en leer, era algo atrayente hipnótico pero no lo suficiente para dejarme llevar ante el capricho de un libro, por el contrario para quitarme un poco la tentación corrí a la casa de Andrea para conversar con ella, pasamos toda la tarde juntos y parte de la noche, yo debía regresarme, pasada una cuadra una figura delgada me observada del, sus pantalones viejos junto con su saco roído no me decían mucho, solo me vigilaba, me veía caminar hacia la otra calle, incluso me detuve para retener su mirada pero no se movió, justo cuando pasaba frente de una casona grande y abandonada, de la puerta se escuchaba como alguien forcejeaba en una pelea, no sabía si era un animal matando a otro, quizás ya estaba un poco trastornado por la lectura, obsesionado seguí mi camino de frente.

Llegue a la casa, no tome nada ni mucho menos mi típico café nocturno, decidí colocar un disco de jazz, fumar un cigarrillo y dejarme ser, pero no conseguía la paz tan anhelada que atormentaba mi corazón, cerré todas las ventanas del tercer piso de  mi casa azul  en la avenida Juárez, tome el crucificó que me había regalado mi padre con la intención de convertirme en católico, cerré mi habitación, coloque la biblia en la puerta, después caí en un sueño sumamente pesado, como nunca.

Al despertar al lado de la almohada vacía, se encontraba el libro, lo tomé,  vi como la pasta rejuvenecía, iba a quemarlo cuando después me estaba dando cuenta que estaba leyéndolo de nuevo, «La sangre es vida» subrayado con rojo y costras al parecer de sangre empezaron a salir, ahora el libro dejaba de oler a canela para oler a hierro húmedo,  comencé a creer que estaba hechizado pero ¿Quién crearía esto en pleno siglo XXI tan lleno de tecnología, de comunicación de luces y mensajitos de whatsapp? Por eso recurrí a usted, que ha leído tantos libros obscuros que ningún hombre debe leer.

Para la tarde no quería ver a Andrea, ella debió tener un compromiso, me supongo que no iba a pasar nada malo, conforme leía la historia las cosas se ponían cada vez más pesados, las cosas se movían solas, empecé a temerle a la oscuridad, puse lámparas por todos lados, no había un solo lugar sin una sombra, no existió ni un lugar que no rociara con agua bendita, coloque una vieja medalla de San Benito debajo de mi almohada, el libro quedo guardado bajo llave en una vitrina heredada de mi abuela, encontré un rosario y leí todas las letanías y rezos que marcaba, el sueño llegó por mí, ese pequeño travieso hermano de la muerte.

Desperté con pocas energías, la vida se me iba de mí, el libro de nuevo aún lado de la cama, estaba como nuevo, la portada escarlata daba miedo, las hojas aún no se recuperaban al 100, pero yo me mire al espejo, observe que tengo arrugas, un despojo de esta vida, mañana será el eclipse de luna, es curioso, coincide con que mañana término el libro,  No sé si poder sobrevivir a mañana, por eso he decidido escribirte este mensaje, quizás tu podrás hacer algo más que yo, quizás tú tienes todas las respuestas que me cuesta descifrar en estos momento, ahora ya no me preocupó por sombras, estoy en paz, no sé si es la falta de sangre o la falta de vivir, pero Andrea se ve realmente hermosa, su piel se ha tornado pálida, me ha dicho que no me preocupe, que no iba a morir, que mi vida iba a cambiar a partir de mañana, cuando termine el libro, pero no lo se, yo no quiero perder mi lado humano, no quiero ser  un inmortal sin corazón, ayúdame Gerardo, ayúdame pronto, que esta noche moriré.

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