“La vejez” de Simone de Beauvoir, deshumanización en el sistema mercantil

Por América Femat Viveros

Si nos pidieran dibujar la imagen de un individuo saludable y feliz, automáticamente crearíamos cualquier representación de personas jóvenes, vigorosas y fuertes; sin embargo, la condición de salud y bienestar no debería ser exclusivo de individuos jóvenes. La filósofa Simone de Beauvoir ya lo expresaba en su tratado sobre “La Vejez”, 1968. Donde expone la situación marginal y de descuido que tienen las personas de la tercera edad y que lamentablemente continúa en nuestros días. De acuerdo con de Beauvoir lamentable, impera la idea mercantil de un mundo en que las personas de avanzada edad pueden no ser productivas, además de la herencia de estereotipos que empeoran su imagen. En nuestros tiempos es muy común referimos a lo viejo como objetos de forma despectiva, eso mismo hacemos incluso cuando nos referimos a personas de avanzada edad.

De Beauvoir es muy asertiva en lo siguiente “Durante los quince o veinte últimos años de su vida un hombre no sea más que un desecho es prueba del fracaso de nuestra civilización”.
Esta mente audaz y aguda que posee de Beauvoir nos obliga ha percatarnos de nuestro precario estado de inconsciencia al que directa o indirectamente nos sometemos día tras día, creyendo que jamás llegaremos a ser ancianos. Debemos aceptar, creer y revalorar; como bien dice la filosofa, que la vida es un proceso de cambio que se manifiesta con los años y no como una involución; ni es la vejez el resultado o la inercia. Es cierto que conocemos las consecuencias de nuestro acontecer diario, de nuestro futuro, aún así seguimos negándolo y con ello negándonos. Llegaremos a ser ancianos, aunque para algunos todavía ese horizonte les resulte muy lejano y mientras eso suceda es mejor no pensar ni ocuparse de ello.
Las reformas actuales en nuestro país en este rubro son sumamente precarias, comenzando con un sistema de salud que no brinda el servicio y el trato digno que merecen; esta idea mercantil de ahorrar recursos para los más jóvenes –que en su visión errada, más y mejor pueden aprovechar del recurso–, impide tener avances y reformas estructurales profundas aunando a la carente visión humanista que nos aqueja; hay grandes cataratas para este sector tan desprotegido.
Lo cierto es que las generación pasadas y futuras, tenemos, por así decirlo ese gen incrustado llamado el conformismo, adicionado con la vacuna de la indiferencia. La búsqueda del bienestar y de la salud de nuestros ancianos, es así, igual que el de nuestra venidera vejez y debiera convertirse en un plan a futuro que protejamos y cuidemos.
Hasta hace apenas un siglo la geriatría y gerontología como disciplina comenzó a desarrollarse y fue llamada con ese nombre, antes de ello ni si quiera era posible hallar una categoría para tratar los problemas de salud inherentes a las personas de la tercera edad y estudiar el proceso de envejecimiento.

Debemos añadir a todo esto que la vejez no es una enfermedad aunque si esta ligada a la salud, más bien y según en alguna definición no del todo de acuerdo por parte de la filósofa de Beauvoir –pero que aún así, hace referencia de un gerontólogo norte americano Lansing–, quien menciona que el termino vejez, corresponde a un declive desfavorable de las funciones vitales y fisiológicas del hombre. La filósofa expone que el problema radica en anteponer la palabra desfavorable por su implicación como juicio de valor, añade, que es limitado el de considerar analíticamente al hombre como sólo un organismo, pues claro, “todo organismo tiende a subsistir” dice Beauvoir, La filosofa tiene razón, pues debemos ir más allá de todo juicio o conocimiento técnico o científico; más bien el considerarlo como individuo en su totalidad. Restablecer valores de respeto, reconociendo a cada individuo de cualquier género, raza, edad; etc., nos ayudará a crear condiciones de bienestar respetables para nuestros ancianos, anticipando muy probablemente que todos alcanzaremos el tiempo de la vejez. Dejemos dejar de pensar que eso no sucederá. Restablecer parámetros que nos ayuden a tener una visión más humana, menos sistemática y analítica de lo que es envejecer. Un texto “la vejez” a rescatar en nuestros tiempos de vertiginosa interacción virtual que nos aleja de nosotros y del otro. La vida esta allá afuera y el tiempo no llegará después por nadie aunque llevemos puestos las gafas de realidad virtual. Exigir respeto por nuestros ancianos es exigir respeto a nosotros mismos, es surcar caminos, prever un futuro quizá más próximo de lo que imaginamos.

Foto de portada: Revista 217/Leonardo Herrera

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