A la buena salud

Por: Enrique Taboada

Para José y Herminia

Ahí estaba Eusebio contando las horas para su cumpleaños, tumbado en la cama, con temperatura y sin poder dormir. El niño miraba impaciente el reloj, en el fondo creía que quizás al dar las 12 de la noche del 19 de marzo San José se apiadaría de él haciéndole el milagro de quitar el fuerte dolor de estómago que lo tenía desde hace 3 días.

A la mañana siguiente la madre de Eusebio hablaba con su madre respecto a la salud de él.

-¿si le metiste a San Juan debajo de su almohada?

-Le metí hasta a Santa Elena para que me lo cure.

-Creo que es tiempo de ver a Doña Chávela a que lo cure del empachó. Toma son $5 pesos que he guardado, compras aceite de oliva y pagas la curada del empacho, me saludas a Doña chávela, tiene mucho que no la veo.

A Eusebio, lo visten, el sin ganas se deja ser, le ponen el pantalón azul de visitas, los zapatos negros que odia porque él siempre ha querido unos tenis que anuncian en la tv, unos tirantes y una camisa, cruzan dos calles, tocan la puerta de doña chávela, la casa es un lugar grande, pertenecía al casco viejo de la hacienda donde edificaron al pueblo, abre una señora grande, entrando a la vejez, las arrugas apenas se marcan, es de mirada dulce, el patio es una exquisito, hay flores por doquier, una fuente en medio, la rodea cantidad de aves, es como estar en un paraíso perdido, al menos eso es lo que piensa Eusebio.

-Ese niño tiene cara de empacho.

-Si Chavelita, tiene 3 días así.

-¿Y porque no me lo trajiste antes?

-No tenía dinero.

-Yo lo hubiera hecho de a gratis, eres unas de las Perez y los Perez siempre tienen palabra, por cierto ¿Cómo esta Herminia?

-Bien como siempre ya se fue a misa, ve que es la feria del Pueblo.

Colocaron al niño en una cama, le quitaron la camisa y lo pusieron boca a bajo

-¿Cómo te llamas hijo?

-Eusebio y hoy es mi cumpleaños.

-Felicidades ¿Cuantos cumples?

-10 ¿me va a doler?

-Un poquito pero después ya verás cómo te sentirás mejor, y así será toda la vida, siempre duele un poco pero después ese dolor nos hace apreciar hasta la misma vida.

El niño sudaba, miraba abajo, estaba nervioso, Chavelita se arremangó el suéter y las manos quedaron libres, comenzó a masajear la espalda del niño, después tomaba piel como pellizcos grandes y jalaba, Eusebio lloraba, su madre solo veía que era por su bien, los doctores no venían hoy porque era fiesta, pobre de Eusebio, estaba pagando mal el haberse comido los huesos de la sandía.

La sesión termino, vistieron al niño, la madre le pago y se despidió, para complementar la curación compró el aceite de olivo, Eusebio solo vio como la madre llenaba una cucharada de aquel aceite, el olor le penetro tanto que aún de grande odia las calabazas en aceite, la madre le dio un abrazo, lo sostuvo y no tenía escapé.

-Tomate esto, es para la buena salud y después te compare el coche de madera que vimos en la feria.

Empujo la cuchara con el aceite de oliva, el cuerpo de Eusebio reaccionó queriendo vomitarlo, la madre, después de generaciones de madres tapó la nariz haciendo que el líquido no saliera del cuerpo. Esa noche Eusebio dormía con su camión de madera y a la mañana siguiente tendría una diarrea que lo curaría del estómago estreñido dejando una buena lección sobre la comida de frutos.

 

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