El puente

Por: Jacqueline Silva Valencia

Eugenia llegó al puente peatonal dispuesta a terminar con su vida. Cuando estaba a punto de lanzarse al mar de autos un hombre la jalo del brazo impidiéndolo.

  • ¿Por qué quieres hacerlo? — preguntó.
  • ­A usted no le importa.

Llámame curioso si me dices tus razones y me convences que son válidas hasta te ayudó.

Eugenia lo miró desconcertada y rápidamente buscó los argumentos para convencerlo. Después de todo sí él la mataba, ella no tendría que ir al infierno.

  • —-No deseo vivir en un mundo dónde las personas no comprenden el daño que hacen con sus palabras — explicó la joven.
  • Eso es todo y por qué mejor no te defiendes—contestó el desconocido.
  • Porque entonces sería como ellos y no quiero que mis palabras ofendan a nadie.
  • Entiendo, si quieres puedo enseñarte cómo contestarles sin que se sientan ofendidos.
  • No me interesa aprender, sólo quiero irme.
  • Me rindo, te ayudaré —respondió el hombre.

Se hizo más tarde, la noche llegó y Eugenia, de pronto, se sintió mareada. El desconocido le había inyectado un sedante que llevaba consigo. La chica despertó en un consultorio clandestino.

  • Si quieres dejar de existir, es tu decisión, pero gracias a ti muchos más podrán vivir— dijo el hombre ahora vestido como doctor.

Eugenia sintió mucho miedo, quiso hablar para rogar por su vida, más ya era demasiado tarde.

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