Los signos del mundo de la edad media a la contemporaneidad

Por: Melchisedech Angulo Torres

Los encuentros que nos convienen son pocos, es decir, son menos los encuentros que nos componen que los que nos descomponen. Un modo de vida es conocimiento. El problema común de la vida y del conocimiento es hacer que un cuerpo toxico no nos descomponga ni nos destruya.

Para Saussure los signos son una entidad convencional. Ello quiere decir que el signo está en una convencional relación con aquello que significa. Relación de institucionalidad y no de naturalidad. La relación de naturalidad es una relación de continuidad. En la relación convencional se decide (por convención) qué palabra remite a qué cosa. De ahí parte Saussure para diferenciar la acción del signo de otros dominios.

Peirce no se conforma con este carácter de convencionalidad, ni siquiera para delimitar un esbozo del plano en los signos, la acción de los signos. Remitir la palabra a la cosa es una mera relación de convención. Una palabra, como se pronuncia tiene uno o más de un significado. La naturaleza del signo no se aproxima a la convencionalidad. El carácter convencional no es la determinación principal del signo sino una consecuencia.

El problema tiene que ver con la interpretación de las sagradas escrituras, del Antiguo Testamento. Spinoza dedica uno de los pocos libros que publicó en vida a la interpretación del Antiguo Testamento. Se trata de del Tratado teológico- político. Por lo tanto encontrar ahí una insistencia sobre la variabilidad del signo no es un problema forzado. Lo que es signo para el otro no es signo para uno. Los signos varían para cada quién según su temperamento.

Tenemos vidas tan malas por que no paramos de reclamar signos. Constantemente reclamamos signos todos nosotros. Somos como niños. Los niños son los que reclaman signos todo el tiempo. Estamos condicionados a los signos, hacemos signos. La vida cotidiana, estar enamorado y tener un bebé están lleno de signos (del amor).

Spinoza define al profeta como el hombre del signo.

Referencias bibliográficas:

Deleuze, Guilles (2006). Proust y los Signos. Anagrama, Barcelona.

Neher, André (1975). La esencia del Profetismo. Edic. Sigueme, Salamanca.

Spinoza. Baruch (2015). Tratado Teológico- Político. Alianza, Madrid.

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