De los binarismos

Por: Melchisedech Daniel Angulo Torres

El primer gran binarismo es el del cuerpo y el alma. En la medida en que el sentido no existe fuera de la proposición, el primer binarismo se prolonga hasta el de los cuerpos y el lenguaje. Comer y ser comido es una ley de operación de los cuerpos, la forma de la mezcla en profundidad, la pasión y acción, la modalidad en que se relaciona una con otra. Pero el movimiento de la superficie es hablar, el sentido del alma, las cualidades de la imaginación.

Es más grave comerse las palabras que hablar de comida. Estamos atravesados por pesadillas relativas a ser absorbidos o absorber en nuestras obsesiones alimenticias. Nosotros comprobamos que las canciones que escuchamos tratan de aves comestibles. No podemos evitar hablar de alimento frente aquello que nos sirve de alimento. De ahí las fobias de las mujeres hacia el ratón. ¿Cómo no comer el pan que se nos ha puesto enfrente?

Las melodías de las canciones llegan a través de la profundidad de los cuerpos, con distorsiones vocales, como las que aparecen en aquellas fiebres de la infancia en las que las alucinaciones visuales y auditivas vienen acompañadas de funciones orales descontroladas (meterse todo a la boca, comer cualquier cosa, apretar los dientes). Al subir la antigua profundidad de los cuerpos se corre el riesgo de perder todo su lenguaje.

La alucinación de las profundidades ha sido sustituida por los fantasmas de la superficie y las pesadillas de absorción y hundimiento fueron sustituidas por los sueños de desplazamiento veloz. De esta manera los niños tartamudos y anoréxicos tienen que deslindarse de sus ideas e impresiones realistas. Este binarismo posterior, comer- hablar, cuerpo- lenguaje no alcanza. El sentido es atributo del estado de cosas, no de la proposición.

El lenguaje subsiste en el sentido como acontecimiento sobre las cosas. Por un extremo se encuentran las cosas y al otro la proposición, así se articula su repetición. Las cosas son al cuerpo lo que las proposiciones al lenguaje. El acontecimiento es como un vapor que se eleva hacia la frontera sobre la puerta de las proposiciones y las cosas. Hasta la coordenada en que el binarismo se refleja de ambos lados.

Por un lado, constituyentes de estados de cosas y por el otro acontecimientos incorporales. En la proposición los verbos expresan el sentido y los adjetivos designan los estados de cosas. Singularidad de los nombres propios y señales de adjetivos y sustantivos; por otro lado, los acontecimientos y el devenir son arrastrados por los verbos como un tren que divide hasta el infinito entre pasado y futuro.

El carácter más orgulloso es el de los verbos. Con los verbos no se hace lo que se quiere, con los adjetivos sí. Aun así, hay quien puede utilizar los verbos a su modo. La impenetrabilidad quiere decir que ya hemos agotado algún tema. Y a su vez la impenetrabilidad es algo muy diferente. Hay quien opone la impasibilidad a la acción y a las pasiones de la carne, lo inconsumible a lo comestible, lo incorporal a lo mezclado, la resistencia a lo profundo.

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