Puente

Por: Enrique Taboada

Siempre que sonríe sonrió, llevaba 4 meses con Teresa cuando decidimos irnos en una de nuestras caminatas sin rumbo a la rivereña, andando de la mano, amábamos los arboles de jacarandas, era invierno pero sabíamos que la primavera pronto llegaría y adornaría de morado aquella ribereña mientras caminábamos.

 

Encontramos un puente, ambos amamos los puentes, teníamos una colección de postales de estos, cualquier cosa que tuviera un puente la guardábamos, nuestra recamara estaba llena de ellas, esa tarde aquel puente rojo, sencillo, con un toque muy sin chiste, como ella lo decía, se miraba diferente, debajo pasaba un rio de aguas negras, pero, esa tarde el sol caía de manera diferente sobre esa estructura metálica.

 

Para ese entonces, Jessica Andaba en París, me preguntaba sobre los conflictos que existían y como nos veían del otro lado del charco a los mexicanos, Teresa saco una carta de Jessica.

 

-Llego carta de Jess, te la iba a dar en el café. Pero, pienso que es el momento para abrirla.

 

-Debe ser una postal, una señal, o una recomendación sobre como curar una gripa europea.

 

Abrimos el sobre, podía sentir a Paris en mis dedos, el frio de Europa jamás será igual al frio de México, ni soñando, nosotros no nos congelamos, abrimos la carta, Teresa y yo vimos una postal de Pont des Arts ella se emocionaba al ver el puente lleno de candados, miles de amantes cerrando candados, para después tirar las llaves por el río Sena haciendo eterno el amor, de repente Teresa me tomó de la mano.

 

-Ahora que lo recuerdo en ese puente La Maga y Oliveira se encuentran.

-¡Si! los puentes son buenos lugares para los encuentros.

-Vos es un puente

-Ya lo dijo Cortázar amor, un puente no se construye solo.

 

Conmovidos por tanta cursilería, decidimos esperar que muriera el sol sobre aquella rivereña, nos abrazamos, del otro lado del mundo Jessika estaba enamorándose de Paris. Yo esperaba que el sol se fuera para ir a la casa, leer ese capítulo de Rayuela y, después, hacerle el amor a aquella mujer que mis manos reinventaban cada noche.

 

Hacia frio, tomé a Teresa de la mano y seguimos caminando por la rivereña, seguimos porque pararnos era morir de frio, por un momento nos sentimos en Europa, al sentir una ráfaga de aire frio. ¿

 

En esa primavera, Jessika nos anunciaba que se quedaba a vivir en Paris, nosotros, veíamos las jacarandas adornar nuestro camino, nos paramos en ese puente donde hace meses nos sentimos en Paris, nos reímos.

 

-¿Cómo será Paris en primavera?

-Como hacerte el amor, supongo.

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