El mundo sin ellos

Por: Diana k. Jiménez Laguna

Si estás leyendo esto me gustaría que descubrieras la verdadera historia detrás de la tragedia, el por qué sucedió todo, porque ya no hay más hombres adultos en la tierra, y lo que ganamos nosotras con ello.

 Cuando era pequeña, me gustaba escabullirme al estudio de papá, revisar sus libros, utilizar su computadora y sentarme por supuesto, en “La silla”. A papá le gustaban mucho la ciencia ficción, la historia y la antropología, por lo que millones de mitos, leyendas y teorías siempre fueron parte de mi vida. Un día, le pedí que me contara algo distinto antes de dormir, porque el resto de los relatos ya me los sabía de memoria, mi papá, divertido, comenzó su narración advirtiéndome que las palabras las había leído o escuchado en alguna otra parte:

–Cuando el hombre aún no descubría la agricultura y toda la comida se conseguía cazando, y cuando todo lo desconocido era apreciado como peligro, las mujeres eran quienes se encargaban de llevar el alimento del día a sus familias y los varones, por raro que parezca, se quedaban en las cuevas a cuidar y proteger a los niños, enseñarles lo necesario para sobrevivir en ese entonces. La tragedia sucedió cuando un hombre cansado del lugar asignado que le habían dado las mujeres, decidió alzar la voz y dar pie a una “guerra”.

–¿Qué es una guerra papá?–

–Cuando una persona se enoja de manera muy grave con otra y decide hacer algo al respecto. Bueno, continúo, – papá parecía tener una expresión de preocupación en su rostro, o quizá, era el recuerdo de mamá lo que lo atormentaba, el saber que ella ya no podría responder a cada una de mis preguntas impertinentes — dicho hombre, armado de valor, decidió enviar a un lugar muy lejano a todas las mujeres adultas, para que ellos pudieran mandar por primera vez, y sólo se quedaron, las niñas, como tú mi amor.

–¿A dónde las llevaron papá?– si a mí Diosito me había quitado a mamá, por qué esos señores les habían quitado sus mamás a todos los niños, no lo entendía, al menos no en ese entonces.

–Lejos de donde pudieran encontrar a todo el clan; el punto aquí es, que antes los papás no éramos quienes daban la cara para alimentar a la familia, eran ellas. Y a veces lamento formar parte de este rol misógino y machista que nos ha asignado la sociedad a todos los hombres, porque las mujeres sacan lo mejor de nosotros, nos brindan la posibilidad de ser papás de niñas tan hermosas como tú, nos vuelven un poco más sensibles al mundo y más responsables de nuestra persona.

–Papi, y si tú puedes cuidarme, ¿por qué no todos los papis pueden hacer lo mismo con sus hijas?

–¿Por qué lo dices, mi amor?

–Mi amiga Susana me dijo, que su papá la lastima cuando no hace lo que le ordena, y si su mami la defiende, les pega.

–Amor, hay seres buenos y malos en este mundo, tú tienes que aprender a distinguirlos y alejarte de ellos lo más pronto que puedas. Te amo pequeña, yo jamás te lastimaría, eres lo mejor que tengo y lo único, no lo olvides.

Ese fue uno de los recuerdos más hermosos que tengo de mi padre, el resto se esfumó junto con su vida, falleció cuando yo tenía diecisiete. Servicios sociales me envió con el hermano de mamá, y ahí entendí todo lo que Susana sufrió de pequeña, deseé haberme marchado junto con mamá y papá para no vivir el infierno que me tocó con ese hombre asqueroso, que sólo se sentaba en el sillón sin hacer nada, esperando a que yo lo atendiera como un rey, maltratándome cuando no hacía lo que se me pedía, me trató como una esclava, no obstante, todo esa rabia, fue lo que me motivó a seguir, a no rendirme.

 Tiempo después, encontré la leyenda que papá me había contado, y me di cuenta de que los hombres no habían enviado lejos a las mujeres, las habían masacrado cruelmente frente a los ojos de todos los niños. Y las niñas, fueron educadas para quedarse en la cueva durante siglos, y siglos y siglos, hasta hace un mes.

Cansada de toda la opresión hacia nosotras y del poco valor que se nos ha dado como “amas de casa”, mis amigas y yo comenzamos a dirigir una lucha silenciosa, sutil, y liberadora, que nadie, ni siquiera el hombre más listo del planeta, pudo predecir. Nuestra idea era: volver al origen, volver a ser cazadoras, valientes, aguerridas, importantes; y ellos, los cuidadores. Por eso, decidimos seguir la famosa leyenda de papá, pero en el sentido contrario, y matar poco a poco a cada uno de ellos (sin la crueldad de que los niños tuvieran que ver dicho escándalo, porque aún con todo, somos compasivas) dejando sólo a los bebés y enseñándoles de nuevo que su lugar, era la casa, un trabajo sin paga ni reconocimiento. Adivina con quién empecé la matanza, sí, con mi tío.

A pesar de todo esto, sé que la historia se volverá a repetir, de un lado de la moneda o del otro, la cuestión es, a quién le será contada la próxima historia…

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