Crónica. El Efímero Momento de Ser Cantinero

Por: Enrique Taboada

De jóvenes siempre soñamos con desempeñar ciertos oficios, en mi caso básicamente tres: escritor, guitarrista y cantinero… de los cuales solo he logrado hacer uno, el de escritor, el arte de contar historias, pero ese día, en el Bar Candilejas, se me dio la oportunidad de estar del otro de la barra.

La noche era bohemia y eso bastaba para sentirme un poco nostálgico, en la mesa del rincón charlaban unos amigos, en la barra una chica esperaba a su novio, al lado de ella un cliente de esos que son fieles como aquellos dominicanos que siempre van a misa, en el otro extremo otra pareja de enamorados recién llegados.

Bar Candilejas
Foto: Enrique Taboada

Don Hilario el cantinero lleva 50 años en el negocio, observo como habla con los clientes, su manera de tratarlos, de mirarlos, finalmente es un terapeuta y él lo sabe bien. Además, un poco de alcohol nos desinhibe y hace que nuestras palabras fluyan relajadamente, que responsabilidad más grande la de escuchar y sobre todo la de callar.

Para los que no han sabido que es estar en la contra barra, créanme es una mirada distinta, de este lado las botellas de todo tipo, whisky, mezcal, tequila, ron, entre otras. Abajo los vasos, una tarja donde se lavan los limones, las manos y una tabla muy curiosa adaptada por nuestro amigo para partir limones, en medio del caos, un retrato de el hecho a lápiz, seguramente regalo de algún cliente artista.

Se dice que la noche no es una ciencia exacta, lo cierto es que la noche es para los que buscamos respuestas, yo soy de los borrachos que piensa que no solo de pena se toma si no también por estar alegre, por compartir sueños con los amigos.

Las guitarras comenzaron a raspar, nueva ronda para todos, parece ser que al estar en una cantina puede pasar de todo.

Ahora paso de la contra-barra a la barra, como un cliente común desde aquí se mira todo distinto, pido una cerveza más… estos lugares llenos de nostalgia tienen algo de esperanzador, de magia. Todo es un cuadro donde nadie es protagonista, el cantinero, ya anciano me mira, creo que yo también necesito terapia.

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