Imágenes que cuentan historias. El uso de la cámara como herramienta en la antropología social

Texto y fotos por: María Victoria Torres Morales

Acercarse a las comunidades, caminar por sus calles e ir recorriendo aquellos espacios conocidos por los pobladores, nuevos para mí y desconocidos para muchos otros. Prestar atención a los detalles, que muchas ocasiones resultan novedosos para el ajeno o el fuereño. Sostener alguna conversación con los pobladores que inmediatamente se han dado cuenta que “no eres de esos rumbos”. Quizá mucho tenga que ver el aspecto del “investigador” e, incluso, su apresurada necesidad de conocer.

Así es como recuerdo las primeras salidas de trabajo de campo al cursar la licenciatura en Antropología social, en ellas, el registro debía ser ampliamente descriptivo, enfatizar en ciertos aspecto que, anteriormente, habían sido tan comunes como el resto del paisaje, olvidados o arrinconados en la memoria colectiva. Esta actividad es la que se realiza en los registros etnográficos, que son una de las riquezas de la antropología social, donde lo cualitativo es la materia necesaria de los análisis socio – culturales, se  construyen con entrevistas, observación, descripción y sistematización. Acercarse a las personas, que compartan historias de su vida, de lo que hacen y lo que son, y, que el investigador pueda generar un ambiente de confianza, ese es el gran reto.

Se debe mencionar que las herramientas básicas del antropólogo, aparentan ser sencillas, pero en realidad el investigador les da una carga compleja que a veces sólo él podría entender, estas constan de: una libreta, bolígrafo, lápiz, grabadora de audio y, por supuesto, la cámara fotográfica. Este último instrumento, apoya para el registro etnográfico, pues estas imágenes capturadas, no solo, son parte del archivo personal del investigador, sino una muestra tangible de un hecho social, que va acompañado de un contexto cultural, geográfico, político, histórico, entre algunos más.

Los registros fotográficos han sido la mejor forma de archivar, capturar y difundir. Se asemeja a las letras, pues estas imágenes comunican y hacen historia. Desde la creación institucional de la Antropología en México se uso esta herramienta, pues permitía al investigador volver tangible una vivencia cultural, que al ser contextualizada se enriquecía aún más. No se debe dejar de lado que el uso de la cámara fotográfica estuvo ligado a la cinematografía. Además, las historias desarrolladas por estas artes iban de la mano con el contexto histórico de México, muestra de ello son los materiales fotográficos hechos por Manuel Álvarez Bravo, Nacho López, Héctor García, Antonio Reynoso y, posteriormente, con Graciela Iturbide.

Es así, que en primer momento, la fotografía en México fue un recurso para dar cuenta de los acontecimientos de la época porfiriana, principalmente enaltecer el futuro moderno, pero también capto el lado opuesto de aquel “modernismo” desigual. Posteriormente, los movimientos revolucionarios no dejaron de ser registrados por algunos fotógrafos, aquí gran papel empiezan a tener los fotoperiodistas que divulgaban estas imágenes en los diarios. Para la etapa posrevolucionaria, el uso de la cámara fue llevado a la construcción de una identidad nacional, a través de las imágenes se desarrollaban temas de educación, salud, progreso e, incluso, enaltecer un pasado prehispánico. Aquí, la antropología social tuvo un papel primordial, pues también nace y se desarrolla en el siglo XX.

Los registros etnográficos en las comunidades indígenas o marginadas de los centros urbanos, eran temas de estudio de los jóvenes investigadores. Leer los trabajos etnográficos de la mitad del siglo XX, iban dibujando en la mente del lector escenas de aquellos lugares “alejados”, pero al mismo tiempo con realidades tan cercanas a las de la urbe. Si a estos registros se agregaban imágenes, lograban un panorama más amplio de la realidad, mostraba la diferencia y riqueza de las culturas en México. Incluso, no se alejó de las problemáticas políticas del país en diversos espacios, como lo fue el movimiento del EZLN.

En estos días la antropología ha reformulado los temas, presta atención a las problemáticas sociales, políticas, económicas y culturales que trastocan a la sociedad mexicana. Su mirada humanística y social se ha vuelto necesaria para poder conocer, entender y reflexionar acerca de nuestras realidades. Si bien, el trabajo etnográfico se ha tenido que ir modificando de acuerdo a sus necesidades, las herramientas continúan siendo las mismas y se adhieren muchas más. La interesante es la forma en cómo son usadas, pues la fotografía hecha por un antropólogo, a veces carece de técnicas, pero comunica, no podría parecer extraño que una imagen pueda trasmitir sentimientos que fueron captados en una buena toma. Por ello, ha crecido la necesidad de que los investigadores conozcan de técnicas fotográficas, mismas que se imparten en cursos de Antropología visual.

Recorrer caminos y escribir de ellos, prestar atención a paisajes, observar rituales o la misma cotidianidad de un grupo social, conversar con las personas, conocer la problemáticas, crear vínculos de confianza y respeto entre los propios y el ajeno, es una tarea del antropólogo y demás personas que nos interesamos en el bienestar social.

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