Lewis Carroll y su búsqueda de la belleza edénica

Por: Alejandra De Lazaro

 

Más su espíritu…aún inquieta mi ánimo:

Alicia deambulando bajo cielos

Que ojos mortales nunca vieron (1)

Charles Lutwidge Dodgson conocido en el mundo literario como Lewis Carrol, nace en  Daresbury, Cheshire, Reino Unido 27 de enero de  1832, sacerdote anglicano, matemático, escritor y fotógrafo. Creador de la novela Alicia en el país de las maravillas, Alicia a través del espejo,  el juego de la lógica, La caza del snark, Silvia y bruno entre otras.

Lewis Carroll no sólo fue su pasión la escritura sino que junto a la fotografía buscó expresar su filosofía interior, siempre buscando la belleza y la libertad a través de la inocencia edénica, donde  para Caroll existe un disfrute y goce sin culpa. Fue en el año de 1856 cuando Lewis Carroll se inicia en el que sería el nuevo arte “la fotografía”. Fueron más de dos décadas las que sirvieron de inspiración y trabajo en ese mundo de luz y color  hasta dar fin en el año de 1880.

Mucho se ha dicho acerca de obra fotográfica, donde sus primeras fotografías muestran a grupos de familias y personalidades de su medio social así como la naturaleza muerta, posteriormente va adquiriendo un singular gusto por retratar a niñas pequeñas, disfrazadas, y en 1867 empieza a retratar niñas desnudas. Alexandra Kitchin, fue una sus  primeras modelos y a la que retrató por lo menos cincuenta veces  desde la edad de cuatro años hasta que cumplió dieciséis. Muchos fueron los rumores que surgieron alrededor de Carroll Lewiss, rumores que le adjudicaban tendencias pedófilas. Muchos académicos han refutado tales especulaciones ya que en ese espacio y tiempo de la cultura  victoriana, el desnudo en la niñez era visto como algo normal, ya que equivalía al símbolo de la inocencia.

En el haber de su obra suman alrededor de unas 3,000 fotografías; de las cuales sólo un tercio son las que sobreviven al tiempo y a la destrucción intencionada.

¡Los más preciosos siempre están más lejos! Dijo al fin, dando un suspiro, ante la obstinación de aquellos juncos, empeñados en ir a crecer tan apartados; e incorporándose en su banqueta, con las mejillas encendidas y el agua goteándole del pelo y de las manos, empezó a ordenar los tesoros que acababa de reunir (2).

 

(1) Alicia a través del espejo, pág. 155

(2) Alicia a través del espejo, Pág. 78

Bibliografía

Alicia en el país de las maravillas

Alicia a través del espejo

El hombre que amaba a las niñas, Editorial Felguera.

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