La naturaleza volcánica y el movimiento en las montañas

Por: Melchisedech Daniel Angulo Torres

Quien sube a lo alto del volcán ve de cerca lo lejano, la tiranía del gobierno o un amor trasatlántico

(Heráclito).

“Cuando Zaratustra tenía treinta años abandonó su tierra natal y el lago de su tierra natal y se fue a las montañas. Allí disfrutó del espíritu y de la soledad sin cansarse de ello a lo largo de diez años” (Nietzsche, 2011: 137).

Llevándose una pequeña piedra comienza el hombre que mueve la montaña. El que escala la montaña más alta se ríe de todas las tragedias (imaginarias o reales). Zaratustra no necesita de la metafísica para elevarse, sino que subiendo una montaña en el mundo ya puede reírse de las tragedias. Hay que tener otra mirada de las cosas para pasar de la visión microscópica a la telescópica. Tenemos derecho a plantear un más acá (ya sea moral o divino). Y una meseta sigue siendo un sentido. Va a hacer falta un nuevo mundo si es que se quieren empezar a construir nuevos valores.

Creer en un retorno al renacimiento en el hombre es tan ingenuo como hiperbólico. Es una especie de apariencia de perspectiva. No hay realidades absolutas. Nietzsche critica los falsos valores morales de la sociedad: la moral parte de un juicio, el juicio parte de un gusto y el gusto no tiene razonamiento, es decir, que Maquiavelo es un sujeto profundamente activo dueño de su propio destino. Y que la conciencia es un razonamiento de tipo fenomenológico. Cuanto más imperativa se hace la moral más se emancipa la conciencia. Aquello que sabemos con certeza sólo tenemos el coraje de admitirlo tardíamente. El principio de acción dominante es un proceso de transculturización, la idea de jerarquización, lo divino, los meta- relatos, se transfiere a un universo. Sin metafísicas no habría reglas que terminan en amenazas. El liberalismo como la antesala del momento pre- político. Una decisión proviene de un criterio por lo que alcanza un grado de justificación.

“Zaratustra bajó sólo las montañas y no encontró a nadie en el camino. Pero cuando se adentró en el bosque, de repente se encontró con que delante de él estaba un anciano que había salido de su santa choza para buscar raíces en el bosque” (Nietzsche, 2011: 138).

El siglo por venir tiene que dejar de andar buscando para dejarse encontrar por lo nuevo.

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